La indagación filosófica

La indagación filosófica puede ser casi aséptica, o filtrada por la pasión del sujeto. A este último término, es decir, al soporte de las vivencias, sensaciones y representaciones del ser individual, se le atribuye un significado en el que prevalece esa función de sostén de la experiencia interna o externa, o bien se lo reduce a soporte de representaciones, en este caso exclusivamente cognitivas. Esta prioridad en la función del sujeto ya denota el tipo la perspectiva de la investigación.

Sirvan estas palabras para cuestionar hasta qué punto la filosofía no puede ser más que una indagación efectuada por un sujeto de emociones e ideas, fundidas en un  amasijo indiscernible, y, por ende, una actividad o actitud ante el mundo  de un individuo concreto –que sería ese sujeto- conformado por su contexto particular y social.

Esta constatación no menoscaba la importancia de la Filosofía, sino que la revierte en una actividad terriblemente humana -demasiado humana diría Nietzsche- que la aproxima a la existencia de cualquier individuo. Esto, hará de ella una práctica imprescindible –que no por este gesto de democratización debe pasar a ser mediocre y vulgar- derivada de la misma condición humana, y en consecuencia se mostrará como una necesidad vital.

Claro está que mientras que algunos cultivarán preeminentemente la indagación filosófica, otros ocupados en tareas diversas, se nutrirán y discurrirán partiendo de la base que los instruidos y avezados en la Filosofía ofrecerán. Y no porque otros no puedan reflexionar en profundidad por sí mismos, sino porque el grado de relevancia de lo cuestionado exige una preparación y una formación a la que no todo el mundo accederá, al estar interesado en otros quehaceres. Para ejemplificarlo, sería como constatar que todos necesitamos vestirnos, pero que en una sociedad especializada y compleja, no se fabricará cada uno su ropaje, ni todos se abocarán a esta tarea. Aludimos a la necesaria división del trabajo, que tuvo su origen en comunidades menos complejas, y que el desarrollo técnico e industrial ha transformado en un alto grado de especialización.

La diferencia sustancial con otro tipo de actividad social, es que la Filosofía, en cuanto actitud ante la vida destilada de la condición humana, atañe, afecta y debería interesar, al menos  en alguno de sus aspectos, a todos. Si no, no seríamos más que una especie de homínidos aventajados, pero no humanos, es decir sujetos de autoconciencia que impele a cuestionarse sobre el sentido de la propia existencia, y en este sentido afectados y activos en el arte de cuestionar lo aparentemente obvio.

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