El diálogo como impostura

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El diálogo es un acto en el que dos sujetos desarrollan o ejercitan el Logos. Este término griego hace referencia al uso de la palabra, del lenguaje como despliegue de la racionalidad –de ahí su oposición, cuestionable pero histórica, con el Mito- De tal forma que se produce una interacción, una afectación o cuestionamiento mutuo que, sometiéndose a las exigencias del lenguaje racional, da como resultado una variación, ni que sea mínima, de la perspectiva de la cual partía cada sujeto antes de tener lugar ese “dia-logo”.

Actualmente, el uso político y tendencioso ha desnaturalizado el término, hasta convertirlo en monólogos simultáneos que carecen de toda voluntad de interacción veraz entre los interlocutores –volvemos al sentido de intercambio de locuciones, uso de la palabra como expresión de lo racional-

En consecuencia, referirse al diálogo y a la disposición para su ejercicio no es más que un acto políticamente correcto que parece legitimar todo acto posterior, tras haber abanderado la defensa de lo que no deja de ser una impostura manipuladora. Y, debemos hacer hincapié, esto resulta ser falaz porque reunirse, coincidir en un espacio y un tiempo acordado, no implica necesariamente dialogar.

Para mal de muchos, esta ausencia de diálogo auténtico implica consecuencias nocivas, que se van perpetuando en el seno de una sociedad que acaba sosteniéndose por una fuerte inercia, que como bien sabemos es siempre una tendencia que va diluyéndose y perdiendo vigor.

La palabra, en su sentido originario griego, pierde contenido y poder, porque acaba careciendo de aquello de lo que es referente, se vacía, se torna hueca y genera un escepticismo político que conlleva la desidia, pasividad y falta de horizonte en la sociedad.

Podríamos incluso afirmar que el uso falaz, vano y estético de las palabras que desembocan en una disociación de “las cosas”, constituye una falta de responsabilidad y de respeto, hacia los que no tienen más alternativa que participar como espectadores de un fracaso premeditado.

Reivindicamos, desde este foro, la honestidad en el discurso, ya sea este como parte de un diálogo, o como un alegato individual, porque sin demasiada conciencia estamos devaluando el lenguaje, sin el que no olvidemos, los humanos somos una especie singularmente dotada.

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