Las sociedades “avanzadas”

Nos hallamos existiendo al adquirir autoconciencia. Es, entonces, cuando la existencia se vuelve problemática, tanto porque captamos el imperativo de adaptarnos para sobrevivir –a causa de impulsos ancestrales- como porque necesitamos dotarla de sentido, para que ese instinto de supervivencia no se diluya. Pero ¿es lícito presuponer y exigir la autoconservacion a quien no reclamó la existencia y, menos aún, la acuciante necesidad de transformarla en vida? El contexto de las sociedades, que denominamos avanzadas, impele a algunos individuos a desear no haber nacido desde el momento en que la “hiper-institucionalización” de la existencia impone un patrón de homogeneidad al que no todos pueden someterse. En ese instante, se desvela esa voracidad de las estructuras sociales que necesitan de individuos que existan sin aspirar a vivir, en el sentido de hacerlo con la dignidad que exige tener autoconciencia.

Una sociedad orientada al lucro y beneficio de una minoría poderosa –económica y, por ende, políticamente- abre una brecha insalvable entre la existencia y la vida de los individuos, porque los cosifica para perpetuarse como único medio en el que sobrevivir sin otorgarles la posibilidad de decidir cómo quieren orientarse para vivir con sentido.

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