Ceguera emocional e intelectual

Todos sufrimos a lo largo de nuestra vida situaciones perturbadoras que dejan un rastro de intensidad variable en unos y otros individuos. En cualquier caso, lo que no resulta nunca benéfico es quedarse agazapado bajo el manto del posible trauma. Lo que no puede ser olvidado, ni se olvida, ni tal vez deba hacerse, pero eso no exige perder la perspectiva de la amplitud y elasticidad que constituye la existencia y la búsqueda de rutas alternativas, que nos permiten interactuar con otros cuyas vidas pueden ser diametralmente opuestas a la nuestra. Esa interacción descentraliza al sujeto de su círculo vicioso y le muestra posibilidades insospechadas.

Por eso, cualquier acto que contribuya a dejar rezagado a u individuo en el rol que tanto la sociedad como él mismo han asumido, conduce al aislamiento, la parcialidad y la ceguera intelectual y emocional.

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