La Sociología no es una etología

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Al modificarse los relatos vitales imperantes debido a la evolución científico-tecnológica y a las estrategias económicas del neocapitalismo, hay individuos socializados en relatos obsoletos que se sienten confusos y desubicados. Se dice, desde la perspectiva psicoanalítica, que estos sujetos tienden a retrotraerse a las formas de socialización más primarias y básicas, para recuperar un referente y evitar su “no ser nadie” como individuo. Pero resulta obvio que, este es un mecanismo para evitar la precipitación al vacío inmediata que exige otras soluciones que permitan la reconstrucción de la identidad bajo el influjo del nuevo relato cultural.

Lo que no resulta tan obvio es el porqué, quien se socializó interiorizando unos valores y principios, y en consecuencia una forma de concebir la vida, deba mutar su Yo, para encajar en un sistema que quizás le genere una crisis con su interioridad más estructurada.

Es decir, desde la perspectiva del nuevo relato vital dominante es obvio que el sometimiento, casi inconsciente, de todo individuo es una condición necesaria de la supervivencia del nuevo sistema social y económico. Pero, desde el sujeto que ha desarrollado una identidad, en base a una socialización primaria y secundaria también impuestas, y de la que se ha apropiado en base a sus características individuales, no es nada evidente la imperiosa necesidad de reconstruir esa identidad, sino  una cuestión relevante a discernir; ya que restar presente como antítesis de las nuevas formas de sometimiento puede resultar beneficioso, no solo para el individuo -que no siente traicionarse a sí mismo-, sino para la sociedad, en la medida en que esta no sea tan fácilmente manipulable, sin oposición alguna a cualquier cambio que resulte productivo desde el punto de vista económico.

A veces, me cuestiono si la sociología meramente descriptiva debe mostrarse sin un análisis crítico que invite a la reflexión sobre las dinámicas sociales que se imponen; aunque estas no tienen por qué ser admitidas y asumidas con normalidad, que deviene casi ofensiva, la cienica social se empecina en facilitarnos una explicación de cómo integrarnos “nuevamente”, sin adquirir la conciencia de que en última instancia lo relevante no es la masa, sino cada sujeto con su voluntad y su capacidad de decidir quién quiere y no quiere ser. Esta opción, supondría un vivir en resistencia y en crítica –en su sentido estricto- permanente, respecto de los cambios que la cultura –sometida a los dictados económicos- va exigiendo al conjunto de la sociedad. Y supondría, quizás, una actitud que equilibraría y serviría de cedazo a cualquier nuevo relato que se imponga como el único válido, cuando sabemos que esto no es más que dogmatismo sutil para el beneficio de los intereses dominantes.

No hay sociedad que pueda proteger en alguna medida el bien común –si es que hay algo así- si no es en una tensión constante entre la tendencia a los cambios y la resistencia a ellos, que llevan inexorablemente a replantearse en qué y cómo deberían modificarse las formas de vida.

Es en este sentido que ,reivindico una sociología –como se da entre los grandes- que sea, si cabe descriptiva, pero siempre complementada por un análisis profundo de las cuestiones tratadas. La Sociología no puede ser una etología, precisamente porque somos humanos que tenemos proyectos a medio o  largo plazo que dignifican y dan sentido a nuestra vida, aunque sea subjetivamente.

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