Presentación del ensayo “Incapaces de Dios” Josep Cobo. Fragmenta Editorial

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El pasado martes, tuve el placer de asistir a la presentación del último libro de Josep Cobo –filósofo y teólogo- titulado “Incapaces de Dios. Contra la divinidad oceánica” editado por Fragmenta Editorial en coedición con la entidad Cristianismo y Justicia.

La sala estaba repleta, a rebosar; también la mesa que acompañaba al autor, quedando según mi criterio escaso tiempo para que Cobo, el autor, nos hablara de su texto; acaso escuchar su propia síntesis hubiera sido relevante para afrontar la lectura de un libro que, sin ser de fácil lectura, está explicado con claridad y paciencia, sin prisas. Algo que es de agradecer en nuestros tiempos.

Sin haber leído aún el ensayo completo diría, remitiéndome a lo que se dilucidó en la presentación, que se aborda el escollo, acaso insalvable, de ser cristiano en esta época líquida o postmoderna. Y esto porque la modernidad como preámbulo que desemboca en la tardo modernidad gestó una ruptura entre el sujeto y lo otro, situando la alteridad como un no-otro que somos incapaces de “ver”. Así, centrados en ese sujeto que vive desde sí y, a menudo para sí, se torna inviable reconocer al crucificado como ese Otro. Otro que no es sino Dios encarnado, hecho cuerpo y hombre, y velado para la sensibilidad moderna. De esta forma Josep cobo se opone a la visiones oceánicas de un Dios que existe, es hombre para ser captado por los hombres, aunque su ausencia sea precisamente la huella de una presencia que se rompió de cuajo, progresivamente en esa época en la que el sujeto humano deviene la única perspectiva desde la cual somos capaces de mirar.

Obviamente, y entendiendo que esto no es más que una sucinta incursión en lo que se barajó entre los que intervinieron en la presentación y que concluyó el autor precisando y matizando cuestiones que a su juicio – ¡y quién mejor!- eran las relevantes de la obra, el desafío es afrontar una lectura problemática que intuyo no dará respuestas sino que acaso acabaremos como Wittgenstein concluyendo que -y parafraseo- de lo que no se puede hablar es mejor callarse[1].

Fue en conclusión una presentación de una obra con enjundia de la que no deberíamos prescindir, seamos creyentes o no, y que no estuvo exenta del sentido del humor, incisivo y genial, que caracteriza a Josep cobo.

Durante el turno de preguntas alguno expresó que se sentía incapaz de no creer, dando por sentado que esto era antónimo de ser incapaz de Dios, y otros que la posibilidad de creer se la había negado la vida misma. Probablemente porque ese clamor de Dios, debido a su ausencia, de los crucificados de hoy, al que se refería Cobo, sea una de las cuestiones a repensar no como rastro de la presencia perdida, sino como una Nada en la que seguimos nadeando[2] sin perspectiva de conclusión. Y aquí para mí se hizo el silencio.

[1] Ultimo aforismo del Tractatus logico-philosophicus (1921) del filósofo austriaco Ludwig Wittgenstein (1889-1951)
[2]  Referencia a “La esencia del habla” Heidegger

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