Sobre Edipo: el dolor y la culpa

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“Todo resulta ser cierto. ¡Oh luz, que sea esta la última vez que te contemple! Yo, que he nacido de los que no debía, he tenido relaciones con los que no debía y he dado muerte  a quienes no debía”

SÓFOCLES,  Edipo rey, 1183-1187

El mito de Edipo[1] se construye sobre la ignorancia: la de quien desconoce su origen y, según Reinhart,  por ello se convierte en una tragedia del destino, de lo inexorable. Pero sería relevante deslindar hasta qué punto el conocimiento del origen, por parte de Edipo, hubiese evitado lo que Sófocles expresa en este pequeño fragmento; si el personaje heroico hubiese sabido qué relaciones le vinculaban con Yacasta y Layo ¿hubiera mantenido relaciones y matado a quien no debía?

Según narra Sófocles, los acontecimientos son finalmente tragedia porque al desconocer su origen —expresado como un lamento por haber nacido de los que no debía, o tal vez, lo problemático devino el desconocimiento, no de quién nació ya que ese hecho no depende en absoluto ni de nuestra voluntad ni de nuestros deseos, sino de los vínculos que los unían— comete incesto al relacionarse amorosamente con quien era su madre y mata a quien era su padre. Aquí la ignorancia es compartida, ninguno de los tres —ese triángulo edípico que formuló posteriormente Freud basándose en el mito— sabe realmente el vínculo previo que mantiene con los otros, y por ello actúan como si su identidad no se correspondiera a los ojos ajenos con quien realmente son para el otro.

Y aquí surge una cierta discordancia en la interpretación del mito: ¿constituye este una tragedia sobre el destino o sobre el cómo y de qué forma acontece la verdad –Aletheia?

La encrucijada no es ningún ejercicio de erudición banal, porque en última instancia nos invita a adquirir conciencia de cómo el conocimiento de lo verdadero en cuanto este aparece, nos sitúa en una posición aventajada respecto de las decisiones que tomamos habiendo contemplando la luz, visto lo que es, lo real, lo auténtico; que en el caso de Edipo deviene clamor porque su visión se produce a posteriori de los trágicos sucesos.

¿Hubiera Edipo mantenido una relación amorosa con Yocasta, su madre, si este hubiese sabido a priori quién era? ¿Hubiese dado muerte a su padre, Layo, si hubiese tenido conciencia de quién era? Lamentablemente, para Edipo, todo se desvela lenta y progresivamente, hasta que descubre que el causante de la desgracia y el mal de Tebas es él mismo, no aquel al que ha dado muerte.

El dolor de Edipo, es ser quien es. Esa figura del héroe de Sófocles que lo dibuja como la representación de la condición humana, siendo así el dolor algo inherente a la misma.

Así pues, podemos asumir la concepción humana que se nos muestra en el mito de Edipo Rey, porque nuestra experiencia inmediata de que la vida está atravesada irremediablemente por el dolor y el consiguiente sufrir se aviene casi sin fisura alguna con lo manifestado por Sófocles.

La cuestión a dirimir hoy es si la ignorancia  es la causa de nuestra condición —¿qué hubiera hecho Edipo si hubiera sabido la verdad?— y si en consecuencia hay verdad que deba ser desvelada —previamente— para salvarnos del error originario que nos conduce al dolor. —  recordemos que el padecer de Edipo se produce porque la revelación de su origen tiene lugar tardíamente, cuando lo trágico ya ha tenido lugar—

Reconociendo en el mito que lo planteado es la cuestión de la verdad y no del destino —en discordancia con interpretaciones como la mencionada de Reinhart— ocurre, que habitando una época en que esa verdad se ha distanciado abisalmente de la griega y por ende, no podemos entender ese desvelamiento, que surge deslegitimando su apariencia, como algo que simplemente se deja ver —para lo cual y por lo insufrible de esa visión Edipo se arranca los ojos para no-ver—, ya que estamos circunscritos a la apariencia positivista que no puede proporcionarnos ninguna verdad absoluta, porque no concebimos que la haya. Bajo esta consideración la ignorancia inicial se supera no por alumbramiento, sino por pragmatismo que deja atrás el problema de la verdad y sitúa en primer plano la cuestión de cómo vivir sin verdad; o dicho de otro modo, cómo idear creencias subjetivas que nos permitan lidiar con esa condición humana sacudida por el dolor de la que ya no nos redime el conocimiento a priori de nada, sino la aptitud para asumir el sinsentido, la ausencia de verdad y, no obstante, sustentar la vida como algo a querer.

Sófocles expone, el espectador o el lector de la tragedia interpretan. Y tras concebir que la verdad nos libera —quizás colectivamente a la ciudad de Tebas— o nos condena irremediablemente al dolor por la culpa sin redención, acabamos —transcurridos siglos— apercibiéndonos de que nuestra condición sigue rasgada por un dolor irremediable, que hoy constatamos como la ausencia de verdad –no como el desvelamiento de la misma— y el consecuente nihilismo, que solo se supera siendo nihilista hasta las últimas consecuencias.

[1] Para quienes no tengáis presente el mito podéis recordarlo brevemente en https://animasmundi.wordpress.com/2017/08/29/el-mito-de-edipo-parte-i/

 

TAMBIÉN PODÉIS VISUALIZAR EL PROGRAMA DEDICADO AL MITO DE EDIPO DE RTVE, DEL PROGRAMA MITOS Y LEYENDAS. OS DEJO EL ENLACE

http://www.rtve.es/alacarta/videos/mitos-y-leyendas/mitos-leyendas-edipo-epilogo-fuerza-del-destino/1624162/

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