Reconciliación: el residuo vital

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La  existencia se consume sin remisión, ni prórrogas indulgentes. Desconociendo su tiempo, no es procrastinar la más lúcida de las actitudes. Cierto es que no siempre lo pendiente está únicamente en nuestro campo de acción, pero sí que nos corresponde intentar lo que se halle a nuestro alcance, porque lo que resta en la conciencia será nuestro bagaje final.

Generamos dolor en los otros, a menudo irreversible. Pero, si no ha habido voluntad de lastimar y nuestra reacción ha sido una defensa por la tunda o la afrenta padecida, más honesto es bregar con el conflicto que erigirnos en la víctima impotente.

El victimismo nos protege, estimulando una pasividad nociva, pero que sentimos como legitimada. Pero me pregunto ¿Qué relevancia tiene en el declive vital en manos de quién se hallaba la razón? Mas, cuando las justificaciones son subjetivas, intensamente emocionales y muy escurridizas.

Hay reconciliaciones necesarias para la paz interior, porque si en esas relaciones ponderamos la resultante no podremos dar con motivos suficientes para una ruptura radical.

Morimos como vivimos, ahí radica la actitud frente al olvido de lo que merece ser relegado.

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