"Palabras dislocadas" Susanna Minguell, Ed.Descontrol.colección Crisopeya.

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Olvido,pg.24

El poemario Palabras dislocadas, del que tenéis una muestra en la fotografía, es el grito desgarrador del que se hace eco Susanna Minguell de quienes han padecido agresiones y violaciones –no hablo en términos jurídicos sino de lo que acontece, de hecho-, sea en el contexto que sea, durante su infancia y/o adolescencia

La parálisis, el estado catatónico de quienes no saben qué está sucediendo, pero sienten la vocecilla de una especie de duende interior que les advierte de que eso no debería estarles ocurriendo, no es un acto de pasividad ni de consentimiento, y menos en niños y adolescentes, sino una perplejidad ante el espanto desestructurador que origina un abusador, que adquiriendo metafóricamente forma de ogro, es de facto, vivido así por un infante desbordado por la crueldad de la que amorosamente está siendo víctima.

Difícil reparación para las víctimas de una salvajada demasiado frecuente que se regula jurídicamente con penas sin proporción al daño ocasionado –que es de por vida- y que prescribe, como si la agresión normalmente continuada y a veces extendida durante años decisivos para la formación de la personalidad de la víctima, tuviera prescripción posible.

Es cierto que el sistema penal se intenta organizar como una forma de reinserción y no de castigo, pero me cuestiono qué posibilidad de no reincidir tiene alguien que asegura estar enfermo –avalado por la  psiquiatría, aunque podríamos ver que la pedofilia ha sido y no, algo escabroso según la época- sino es la castración química o quirúrgica de esos depredadores, porque actúan siempre en contra de la voluntad, el deseo y el consentimiento de quienes carecen de la conciencia plena de lo que sucede. Si el propósito es reinsertar la única vía es eliminar las causas que generan esta conducta morbosa y salvaje –por el daño que causa-. En los casos de la pederastia no parece haber otra solución que la mencionada.

En cualquier caso, a quien hay que recuperar y sacar de la oscuridad aterradora en la que vive es a la víctima, porque debe tener siempre prioridad ante el agresor.

Por ello aprovecho el poema intenso y que recrea una vivencia espeluznante, para reivindicar la protección máxima de la infancia en estas circunstancias. Situando como objetivo principal la sanación de los daños causados y los cuidados que estos niños y adolescentes van a requerir para no soñar cada noche con monstruos y ogros que manipulan sus cuerpos y generan el sangrado perpetuo de su mente.

Un recuerdo especial a Susanna Minguell  por su obra y su gesto en estas “Palabras dislocadas”

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