Repensar la sociedad -urgentemente-

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Los impulsos me tunden, lindando la flagelación, con una vara metálica para que explote y expanda mi presión alrededor. Infringiendo toda norma o convención social y dotando de libre voluntad a mis deseos y pasiones. Aun sabiendo lo controvertido de identificar querer con desear, no hago sino manifestar el tumulto en ebullición que me habita y la urgente necesidad de dar rienda suelta a esas pulsiones, ya irrefrenables por intensas.

¿En qué momento la sociedad se transfiguró en esta celda que mantiene confinados, por haber interiorizados sus preceptos, a los individuos? Suponíamos que de la disolución de la comunidad arcaica surgió una forma de agrupación de individuos, sin vínculos, que hizo necesario el Derecho como estrategia para religar lo que por naturaleza no lo estaba. Pero hemos constatado que ese ligamen es un artificio que nos mantiene maniatados como cautivos, aunque haya tenido la habilidad de hacernos creer individuos libres.

El desenlace es previsible: la destrucción de los que artificialmente nos compromete, ese pacto social resquebrajado por el mismo Estado de Derecho, para devenir sujetos, o aspirar a serlo, con capacidad de decidir, reclamar y exigir una renovación y explicitación de un acuerdo hipotético que se ha disuelto. La imperiosa necesidad de que ese pacto contemple las condiciones reales de existencia y lo que, por ende, tenemos el derecho -no solo moral- a exigir y que nos sea dado.

Ya no son tiempos para apelar a la confianza; al contrario, la liquidez de la era de la postverdad nos condena a ser recelosos y a no transigir con promesas que son sean de facto normas legales de obligado cumplimiento por parte del Estado.

Nuestra época es volátil, inconsistente y eso mismo nos impele a ser sujetos consistentes, que no se dejen licuar en un mundo del todo vale y nada hay, porque nuestra liberación de esta cautividad, inoculada sutilmente por la sociedad, solo tendrá lugar si asumimos ser sujetos con identidad y enjundia que se erijan como referentes sin los que nada es posible pactar.

Acaso así, dejemos de ser esclavos de esas pasiones refrenadas por la voluntad ajena de un ente abstracto, y acordemos las condiciones de posibilidad de una coexistencia de todos, no de una minoría dominante que decide en nombre de una voluntad popular, que dejó de serlo por usurpación.

Esto no es un réquiem a la razón, sino un enaltecimiento de la cordura -que no consiste en la no-locura- para rehacer un sistema de existencia en la que todo humano pueda sentirse dignamente tratado.

Sin la formulación de utopías como horizontes inalcanzables, se torna tremendamente complejo determinar aquello que empíricamente debe ser transformado. Por esto, no consiste este escrito en una ingenua postura sino en la única posibilidad que nos permite repensar el presente para modificarlo. Nadie, probablemente, confía en el paraíso terrenal -personalmente no otorgo lugar para ninguno- pero sin este ejercicio rawlsiano de racionalidad no instrumental, no tiene cabida la capacidad de repensar una sociedad tan prsotituida.

Plural: 5 comentarios en “Repensar la sociedad -urgentemente-”

  1. Repensar la sociedad -urgentemente- … . /¨ El desenlace es previsible: la destrucción de los que artificialmente nos compromete. _ La imperiosa necesidad de que ese pacto contemple las condiciones reales de existencia y lo que, por ende, tenemos el derecho -no solo moral- a exigir y que nos – dejen licuar en un mundo del todo vale y nada hay, porque nuestra liberación de esta cautividad, inoculada sutilmente por la sociedad. . /Esto no es un réquiem a la razón, sino un enaltecimiento de la cordura -que no consiste en la no-locura-[no tiene cabida la capacidad de repensar una sociedad tan prostituida¨].

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  2. Haciendo un ejercicio de libertad individual, cuando me llamaron a la mili (sí soy de esa generación paleolítica que todavía fue llamada a filas) y me preguntaron por mi religión afirmé convencido: “Taoista”. Pero la sociedad me puso en mi sitio; el sargento de turno, confundido, preguntó: “¿Y eso que es? ¿Estás bautizado? ¡Pues católico, joder!”
    ¿Cómo escapar? No lo sé, aunque me pasé toda la mili doblándome ante el viento como el sauce joven pero resistiendo el embate, como sugería Lao Tse. Como depresivo social, aunque no inactivo en el combate, me refugio en la ensoñación de la utopía y no escatimo la ocasión para ofrecer la pastilla roja de Matrix a quien se cruza en mi camino.

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