La libertad de “resistir”, o no

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Ondea un tono grisáceo que opaca la luminosidad, esa tenue refulgencia que anhelamos emitir, afanándonos en ella, aunque resulte estéril y en vano. Acaso, deberíamos con serenidad   reconocer la escasez de motivos que pueden irradiar el espacio lóbrego que ocupamos. Tolerar la pesadumbre que nos envilece y sostenerla, soportarla y demostrarnos que podemos. Y, tan solo, porque poder no significa exclusivamente prevalecer estoicamente, sino también abatirnos, por voluntad propia, hasta disiparnos y confundirnos con esa lúgubre opacidad. Ser disidentes.

No es exigible resistir, aunque se vocee armoniosamente desde los balcones; solo es la alternativa al querer desvanecerse en la insustancialidad de un mundo que no queremos, que algunos nunca quisimos, y que, por ende, nos estamos obligados a soportar. Aunque la única posibilidad de manifestarlo sea la propia disolución.

Plural: 6 comentarios en “La libertad de “resistir”, o no”

  1. Me pones de pie y con los pelos de punta. Ya no es vida porque se le antoje a los demás, no debemos modelar las malas mañas. Tu prosa me disipa dudas de que a partir del conocimiento comienza la libertad, por lo menos de expresión. Ya que la realidad el mundo la minimiza, oscurece y envilece, para no sentirse culpable de su injuriosa culpa (esto debo decir del oportunista). Gracias por tus lecturas, me están abriendo ventanas que tenía entreabiertas.

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