La voluntad como incompletitud -revisión de un texto de mayo de 2018-

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“Cuando ya tienes todo lo que quieres, ¿qué quieres?” se pregunta el protagonista al principio de Mojave, filme de William Monahan. Y es que, como ya postularon algunos filósofos, el hombre es voluntad. Esto significa que somos la potencia misma del querer, no su objeto; por ello, la cuestión que inicia este escrito se nos antoja una imposibilidad, ya que ese anhelo insatisfecho, que es la voluntad, es ilimitado, no puede agotarse en su querer, porque es su condición y, si sucediese lo contrario, se habría reducido, fusionado con su objeto y, por ende, diríamos que como potencia habría quedado anulada.

La voluntad es ciega, creía Nietzsche, porque siendo el Poder de, referida a sí misma, es autoafirmación, autodominio, la vida desnuda de ornamentos en cuanto su valor reside en ella misma. De tal forma que solo, el que confunde su voluntad de vivir, de afirmar la vida en sí misma –con el placer y el dolor que esta implica- con los objetos que coyunturalmente queremos, se denigra tras cada “éxito”. De alguna manera esta actitud se asemeja a la de quien confunde el ser con el tener: el ser –la voluntad misma- se afirma en el mismo vivir, con la fortaleza que esto exige; el tener agoniza tras cada logro, por ser insaciable fuente de vacuidad.

Por lo dicho, la cuestión debe reformularse en los siguientes términos ¿La voluntad humana puede llegar a tener todo lo que quiere?  Clarificando que ese “todo” es impreciso, vago e inabordable porque la voluntad por naturaleza quiere y de modo impaciente, como un impulso hacia, busca objetos de los que apropiarse, ya que siendo insaciable el querer es inagotable. Siguiendo a Nietzsche sería como aseverar que la voluntad de poder sobre la vida misma, sobre el sí mismo nunca deviene acabada.

Una posible respuesta puede formularse, en consecuencia, apercibiéndonos de que no somos lo que queremos, sino el querer mismo que se manifiesta de forma excelsa queriendo la propia vida, afirmándola en su dialéctica paradójica como la forma más elevada de ser humano, y a su vez puede aparecer de manera burda como el deseo de cosas.

Por los tanto, lo que quiero cuando ya tengo todo lo que quiero, es Querer, o para hacerlo más accesible más querer.

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