Schopenhauer: Libertad y necesidad, un apunte.

Un comentario

Schopenhauer, Pintura por Rudolf Rox | Artmajeurartmajeur.com

Lo fundamental, lo importante, son los acontecimientos en la vida de todos los hombres, pero ante todo esos mismos hombres, las “figuras engañosas y sombras fugaces” que aparecen en escena. El mecanismo por el cual es llevado todo a efecto es el destino, el Fatum, con su instrumento, la necesidad, es decir, la cadena causal.

Schopenhauer, A.  Parábolas y Aforismos. Recopilación, traducción, introducción y notas de Carlos Javier González Serrano. Alianza Editorial. 2020.

Este fragmento pertenece al Der handschriftliche Nachlaß, un vasto legado manuscrito que dejó Schopenhauer —disponible en varios volúmenes— y de los que Carlos Javier González Serrano ha seleccionado una diversidad, por su importancia en la comprensión del pensamiento del filósofo. Obviamente, a Schopenhauer puede leérselo casi por completo en su obra magna que es “El mundo como voluntad y representación”, pero, es cierto que, una introducción como la que estamos manejando en este artículo, puede facilitar el contacto con los textos originales para los que deseen emprender, posteriormente, la lectura de la ineludible obra para intentar aprehender a Schopenhauer.

El propósito de este escrito no es más que apuntar algunas cuestiones cruciales que puedan estimular el interés del lector por uno de los grandes pensadores de occidente, al que mucho le debe por ejemplo Nietzsche, Freud y otros como Unamuno y Baroja.

Inicia el fragmento afirmando que lo fundamental para todos los hombres son los acontecimientos en la vida, es decir aquello que aparece como manifestación de la voluntad de vivir, que es el poder que dinamiza toda la Naturaleza, los humanos por lo tanto incluidos. Ese deseo o impulso de vida. Mas, y esto es crucial, añade lo fundamental son esos mismos hombres, o sea el acontecimiento es la presencia de los hombres, como individualización de esa voluntad de vivir, una particularización que, como tal, no agota esa voluntad presente en la Naturaleza, sino que constituye una existencia, una determinación de esa voluntad. Sin embargo, entiende que los hombres son sombras y figuras engañosas, en cuanto son una voluntad subjetiva y no la voluntad misma de vivir que los trasciende.

La respuesta al por qué aparecen en escena los hombres es clara: es la concatenación necesaria de causas y efectos, el destino o instrumento de la voluntad de vivir lo que da lugar a el acontecimiento de lo humano. Somos, por ende, el efecto de la voluntad de vivir particularizada en una especie que se diferencia de forma nuclear del resto por poseer intelecto o razón. Esto tiene, evidentemente, consecuencias fácticas porque, de lo dicho por el autor, parecería que poco o nada nos resta que hacer a los humanos más que ser lo que necesariamente debemos ser, efectos con conciencia, pero sin posibilidad de reaccionar de modo alguno ante ello.

Sin embargo, y esto se ve explicado extensamente en su gran obra de referencia, según Schopenhauer, aunque el intelecto sea posterior a la voluntad de vivir, el cultivo de este puede llevarnos a tomar conciencia del absurdo del dolor y el sufrimiento y de la falta de fundamento de la existencia misma. Ahora bien, el pesimismo podría en este punto devastarnos ya que nada parece que podamos hacer más que soportar esa dolorosa existencia. Pero no sería esta concepción acorde con la filosofía de Schopenhauer, ya que precisamente ese intelecto —confidente de la voluntad, dice en algún momento— es la facultad que conociendo las pasiones y deseos que nos conducen a la necesaria y continua insatisfacción, puede objetivar el mundo distanciándose de la voluntad que es la fuente del querer vivir como pasión, deseo que busque indefinidamente lo que no puede alcanzar— y sintiéndose alejado de esa turbulencia de anhelos frustrados. La idea es mantener una indiferencia casi estoica ante ese determinismo que, no obstante, es vencido por la actitud de quien gracias al intelecto logra minimizar la intensidad de las pasiones y vivir en una cierta ataraxia o sosiego del espíritu. Esa es la libertad, o el margen de elección y acción de la que disponemos los humanos: dejarnos arrastrar por esa voluntad de vivir siempre destinada a la insatisfacción, o por el contrario lograr abstraernos de esa voluntad, el máximo de lo que seamos capaces, para llevar una vida en paz.

Sería curiosos plantearse si esta filosofía, que se ha denominado pesimista, es el resultado del carácter huraño, osco y misántropo o fue a la inversa. Como afirma el filósofo Rafael Narbona “Huraño, cascarrabias, misántropo, solitario, misógino, el genio de Danzig no incita –pese a todo- a la desesperación, sino a la apacible melancolía del que ha conseguido contemplar la existencia con serenidad, tras distanciarse de las pasiones.”[1] Sea como fuere, y como la interacción de quiénes somos y qué o quiénes nos rodean dan lugar a un yo del que es casi imposible discernir un factor del otro, quizás lo relevante sea leer entre líneas en los escritos de Schopenhauer que su denominado pesimismo es, a mi juicio, un realismo que pocos han podido asumir.

Bibliografía muy básica:

  • Priante, A. “El silencio de Goethe” Editorial piel de Zapa. 2015. Una biografía excelente que nos aproxima a la figura de Schopenhauer, partiendo de su relación con Goethe, título que puede llevar al equívoco.
  • Safranski, R. “Schopenhauer y los años salvajes de la filosofía.” Tusquets editores. 2011. En esta obra no solo tenemos su contexto biográfico, sino una introducción a su pensamiento; posible preámbulo a lecturas originales del propio autor.
  • La edición a mano de Carlos Javier González Serrano —de la que se ha extraído el texto comentado— que debería ser leída recurriendo a las nutridas notas del traductor, imprescindible para comprender el sentido de esta compilación de escritos y sus referencias.
  • Asimismo, clarificador artículo en el Cultural del filósofo Rafael Narbona, referido a pie de página.

[1] https://elcultural.com/schopenhauer-el-ogro-de-danzig

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