LA DESAZÓN DE LA CULPABILIDAD -artículo revisado del 8 de enero de 2020-

9 comentarios

Despunta el daño insistentemente infringido que la mente se ocasiona a sí misma. Una práctica interiorizada rebosante de culpa por una falta sin identificar, etérea.

Ese océano de posibles motivos desborda cualquier posibilidad de redención, porque cuando se desconoce en qué se ha errado maliciosamente –el supuesto mal, aunque sea inconsciente, está presente, de lo contrario no habría culpa– se vaga a perpetuidad en el desierto de la desolación. Cabizbajo y mohíno se apenca con una mala voluntad que se nos antoja ajena, a ratos, pero que ha calcificado la estructura de quien somos.

Diríase que no hay escapatoria para quien así se siente atormentado. No obstante, siendo algo inconcebible esa ausencia de conciencia del yerro acometido, ¿No sería conveniente dilucidar en qué consistió el pecado  original? ¿No sería liberador para el individuo conocer la naturaleza de su acto malévolo? ¿No facilitaría la reparación de su falta y la mitigación progresiva de esa culpa oceánica que lo asfixia?

Como el Sísifo de Camus, parecemos condenados al esfuerzo y el fracaso cíclicos, y, ante semejante percepción de la existencia, el pensador francés consideró la pregunta que la pregunta crucial de la Filosofía era: ¿Por qué no me suicido?

En un sentido similar Nietzsche –y lo parafraseo- ya había advertido que él llegaba para filosofar a martillazos, es decir, con el propósito de derrocar los prejuicios y las creencias que solo servían para legitimar la fragilidad humana y el socavón en el que caemos los humanos desabrigados.

Así, estas letras no pretenden victimizar, ni apiadarse del individuo torturado por la culpa, sino cuestionar, desvelar, destrozar los supuestos que parecen legitimar determinadas concepciones de la propia existencia, que nos hacen la vida insoportable.

Desmantelar de cargas infinitas infundadas una existencia que constituye un reto para todo humano. Por eso, un martillo que sirva como herramienta para derruir creencias que nos llevan a asumirnos como un Sísifo irremediable, sea quizás un gesto de liberación de lo que no nos corresponde.

Plural: 9 comentarios en “LA DESAZÓN DE LA CULPABILIDAD -artículo revisado del 8 de enero de 2020-”

  1. Interesante. Sí, de acuerdo contigo, la culpa es una creencia, pero con una aceptación tal en la sociedad que excluye toda lógica y razonamiento, toda posibilidad de desenmascararla. Y estoy pensando en la culpa atribuida a los niños p.ej: en el entorno religioso, cuando apenas tienen uso de razón y las palabras son el significado y significante de la vida que ha de devenir: la vida. Ideas y conceptos aprendidos a los que les damos credibilidad. Una pequeña tara que hay que limpiar y que encadena como contrapartida una busqueda de la perfección o del ideal que se supone adecuado uno ha de asumir «como dios manda».
    Y no es crítica, ni anti…nada. Es la constatación de cómo asumimos, y nos dejan asumir, identidades, con una facilidad asombrosa en el período más vulnerable de la existencia.
    De adulto es lo mismo, se busca la completud, la felicidad, tener más conciencia, conocimiento, etc….porque en el inconsciente perdura la idea, la plantilla, de que siempre falta algo que hay que lograr, cambiar, corregir…y es culpa nuestra si no lo conseguimos. Y entonces la culpa, mía o de los demás, es la excusa para justificar todo tipo de infelicidad.
    Concluyo con tus reveladoras palabras, preguntas que activan la respuesta, la que nadie, excepto nosotros, podemos responder :
    «Diríase que no hay escapatoria para quien así se siente atormentado. No obstante, siendo algo inconcebible esa ausencia de conciencia del yerro acometido, ¿No sería conveniente dilucidar en qué consistió el pecado original? ¿No sería liberador para el individuo conocer la naturaleza de su acto malévolo? ¿No facilitaría la reparación de su falta y la mitigación progresiva de esa culpa oceánica que lo asfixia?»

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      1. Aprovecho que estoy de visita. He visto un poco el argumento de tu libro «El mal que nos hacemos» y encuentro fascinante la temática, desde siempre. Espero hacerme con un ejemplar en breve, si es posible electrónico, me pondré en contacto con la editorial, de momento la reserva es en formato papel. Pero he visto también «Híbrido» y «Existo para vivir».Todo un dilema…¿De cual te sientes más satisfecha, no ya del éxito que hayan obtenido entre tus lectores, sino como necesidad vital tuya de expresar lo que querías contar? Disculpa que sea tan preguntón, pero eres una escritora que no conocía hasta hace poco. Gracias.

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      2. HÍBRIDO es muy personal porque es autobiográfica, aunque no lo ponga. Obviamente con algún elemento simbólico para expresar lo que pretendo. EXISTO, PARA VIVIR tuvo la desgracia de nacer en pandemia pero como está escrita antes, es la novela más elaborada filosóficamente. Y la última me costó más gestarla porque siempre nacen de experiencias propias, aunque lo que se narre no sean esas experiencias, alrededor de dos años y medio. Los lectores 0, se sintieron más satisfechos con la última porque he rebajado la complejidad de la reflexión filosófica, lo cual no quiere decir que si hay una siguiente vuelva a atizar con intertextualides, que refiero al final del libro, pero que obviamente aumentan la dificultad de la lectura. Quiero aradecerte tu interés por mis escritos y espero que elijas la que elijas cumpla con tus expectativas. Muchísimas gracias!!!!!

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      3. Gracias por tu gentil y clarificadora respuesta. Ya tengo en el lector Existo, para vivir. En la editorial me han dicho que más pronto que tarde estará en ese formato el último. La elección se ha hecho sola 🙂

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  2. Un tema muy interesante el de la culpa, en la cual no creo. Más bien hay causas, como indica el determinismo; algo que elimina las nociones de «bien» y «mal»; y ello estorba a la Iglesia, que pierde el control de las personas si éstas cobran conciencia de su inocencia y dejan de sentirse culpables por sus actos y sus pensamientos. En cuanto a la idea del pecado original, basada en la culpa hereditaria, daría risa si no fuera por los estragos que ha generado en mucha gente.
    Disculpa, querida Ana, pero en el primer párrafo creo que te equivocaste al escribir «infringir» por «infligir».
    Un saludo.

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    1. Disculpado Javi, cierto. No lo he releído pero si escribí una cosa por otra pues sí….lo corregiré, gracias por avisar. Y en cuanto a lo que comentas de acuerdo contigo. Obviamente el uso que se puede hacer de la «culpa» por parte de estamentos religiosos y en la interacción con los otros es muy dañino. Lo que no acabo de entender es qué significa que no crees en la culpa,….ya que es un sentimiento constatable en muchos individuos y, a menudo hay motivos para sentirse culpable, otros no….gracias por leerme y tus comentarios

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  3. Es cierto. El sentimiento de culpabilidad existe, independientemente de que haya o no culta. El sentimiento es así: irracional; pero cuando uno lo piensa en frío ve que es absurdo. Yo puedo sentirme mal por haber tenido un arranque de rabia y haber sido injusto con alguien; o por haberme gastado 3 euros en una merienda que perfectamente podría haberme tomado en casa. Pero ésas son acciones que corresponden al pasado y que, por tanto, no pueden modificarse. Además: aunque no nos sintamos a gusto, hubo factores que nos llevaron a actuar así.

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