“Que toda la vida es sueño, y los sueños, sueños son”
Si tomáramos estos versos clásicos de Calderón de La Barca, creeriamos que los sueños son un estado ente lo real y lo imaginado, o lo anhelado, que acaban frustrándose por falta de auténtica realidad. Sin embargo, lo onírico -y esto ha sido ampliamente investigado por el psicoanálisis- da cuenta de forma velada de nuestras inquietudes, miedos, deseos inconscientes y cuya información puede ser relevante para que uno entienda cómo procesa lo que proviene del afuera, las interacciones con los otros o lo acontecimientos.
Lo que, a mi juicio, es obvio es que no puede crearse un diccionario sobre los sueños universal. No es esa la idea de la que parte un analista cuando ayuda a un paciente a interpretar sus sueños. El contenido onírico se puede revelar como posible por aquello que evoca en la mente del paciente, las circunstancias inmediatas en las que se ha producido el sueño y, sin duda, la biografía propia. Así, pretender que determinado objeto simboliza siempre lo mismo es un absurdo.
Desde el momento en el que uno adquiere cierta pericia descargando el contenido simbólico de sus sueños se apercibe que evidencian preocupaciones, sufrimientos actuales que se asemejan o fueron experimentados con anterioridad en otras circunstancias. Para quienes tienen cierta dificultad en identificar qué les afecta hoy, de dónde proviene su malestar o su tristeza, el aprendizaje en un encuadre terapéutico de entender los sueños y que estos iluminen la oscuridad que a veces azota la consciencia, es un recurso crucial que se acabará interiorizando y que ayudará a calibrar el peso de lo que acontece en nosotros y, por lo tanto, como eso repercute en la relación con los demás.
Cuando alguien ingenuamente narra un sueño, menospreciándolo y situándolo en el ámbito de lo fantasioso, no se da cuenta de que está compartiendo una información valiosa que puede ser reveladora para algunos de sus interlocutores. Por ejemplo, captar que aunque exprese haber superado su separación de pareja, nada más lejos de esa manifestación están evidenciando sus sueños.
Lo sueños no son ningún contenido mágico, sino que de forma simbólica emerge aquello que nos perturba y su apariencia revestida de ficción nos permite soportar su presencia. Cuando somos capaces de enfrentarnos a nuestros fantasmas, podemos intentar desvelar el contenido latente del sueño que es el que habla claramente de nuestro estado psíquico actual. Sino es así, dejémoslos como una anécdota más o menos perturbadora que no vale la pena compartir o como mucho explicarlo jocosamente en una conversación de café como algo sorprendente y absurdo.
Lo cierto es que, si supiésemos sobre nosotros más de lo que sabemos, seríamos capaces de entender a los otros mucho más de lo que lo hacemos, y eso tiene una repercusión inmediata: dejamos de convertirnos en jueces de la conducta ajena, porque poseemos conciencia sobre aquello de lo que los humanos podríamos ser capaces y, aunque alardeemos de ser nuestra imagen, sabemos lo que se cuece en nuestro interior y lo que podría llegar a ser actuado. No volvemos más realistas y humildes, dejando de considerarnos legitimados para juzgar a nadie.
