IMAGEN: Pawel Kuczynski Decía Jorge Manrique que la muerte es lo único que nos iguala a todos. Con esto aludía a la inutilidad de poseer más riquezas o ser más pobres ante un acontecimiento en el que de nada sirve lo que poseemos materialmente. Aunque, hoy en día, esto es discutible al menos en el
Autor: Ana de Lacalle
La añoranza es el reconocimiento de una pérdida dolorosa. Mientras sentimos esa ausencia no podemos sentir qué resta en nosotros de lo añorado. Hay pérdida, pero también dicen que una presencia luminosa de lo ausente, que nos permite mantener vivo en nuestro interior cuanto recibimos de quien ya no está. Esa llama, no el rescoldo,
Entre montañas de un verdor estremecedor, me descubro sin posibilidad de ver el horizonte, que solo se atisba nítidamente desde el mar. Me hallo encapsulada, en un espacio que solo te eleva a un cielo intensamente azul, tan azulón como falaz. Elevar la mirada para no ver la tierra en la que se hunde nuestros
La intrahistoria[1] – ¡tan apreciada por Unamuno! – se gesta en las interacciones de los unos con los otros, razón por la cual podríamos sostener que, si logramos que lo gestado sea un lugar para que cada uno tenga una vida digna, tenemos una responsabilidad destacada en la historia. Sin embargo, sin ser los vínculos
En ocasiones, por azar, llegan a mis oídos frases que alguien dice como para rellenar la conversación, sin más. Sin embargo, aisladas e interiorizadas desprenden un aroma metafórico que me impactan. Ayer, sobremesa veraniega, J. dijo: “Sí, las puertas hacen bastante”, aunque, como si fuese una aposición, contuvo la pausa suficiente para que me resonara
IMAGEN DE: Silvina Ramadori Hay un burro, un cuadro pintado, que me mira obstinadamente de frente, como si me clavase su condición en mi conciencia. Cargando con unas alforjas henchidas por sendos lados, el peso que sostiene es equivalente a la culpa que sus ojos me confieren. Sometidos y cometedores, abusados y abusadores, es la
Ascendí a las alturas, esas en las que las montañas están calvas y parece que el cielo se halle más cerca que nunca. Aluciné por unos instantes creyendo que estaba recuperando la vida. Sin embargo, ella ya no me pertenece porque está plena y eufórica realizada en los que empiezan a vivirla por sí mismos.
Soy un cuerpo en cadencia natural, envejeciendo. Y me siento inmersa en ese proceso que te lleva a mirar la muerte de cara. Hay quien prefiere no admitirlo, cierto que cada cuerpo envejece al ritmo de la lid que ha librado durante su existencia. Unos antes, otros después. De pequeños nos parecía inmenso el tiempo
Habitamos lugares propios, cada uno el suyo. Me acerco y te alejas, te aproximas y me distancio; ese juego cómplice de necesidades de no invadir y no sentirse invadido nos fuerza a recrear armonías y disonancias continuamente. Los tiempos cambian y la posibilidad de compartir espacios también. Eso no constituye un fracaso, sino la contundente









