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Autor: Ana de Lacalle
El mayor agravio y desprecio es la absoluta indiferencia.
Mientras haya niños y familias enteras, condenadas por la hambruna y la metralla o la química de guerras que no les pertenecen, todos somos cómplices de esas matanzas. Cuando están en su país porque los masacran como a moscas, cuando escapan y buscan refugio porque disparamos todas las alertas para sacudirnos “el problema” de nuestro
Lo más trágico de creerse conocido por sí mismo, es haber negado ese monstruo que todos alojamos y que brotará de la lenta metamorfosis que Kafka condensó en un habitáculo.
Hace falta mucho coraje para llorar pasadas las hojas de la vida.
a través de ¿Qué es el vacío? Clica para ver post de setiembre de 2016
Amar es esa imposibilidad que los humanos rozamos por naturaleza, entre el yo que quiere, el yo que desea y el yo que absorbe, frente a otro que se rige por el mismo patrón. Así la confluencia del querer, el desear, y el absorber determina un vínculo nunca satisfecho que deviene en ocasiones dañino. En
De la nada, nada surge, reza el principio griego; o dicho de otro modo todo tiene una razón de ser, incluso aquello que parecer florecer aisladamente como un brote de esperanza, es en cualquier caso, el efecto producido por ausencias irreparables; pero nunca algo surgiendo de la nada.
El lapsus de tiempo entre la decisión y la acción es donde se concentran todos los temores, amagos y fantasías que nos abocan a la incongruencia.
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