Si el fin justificase los medios, el único fin en sí mismo podría ser el humano –como dijo el maestro Kant-, cualquier otro fin es deleznable en cuanto acaba usando al ser humano como medio.
Autor: Ana de Lacalle
Apelar al sentido común es el recurso de quien se quedó sin argumentos. No hay común forma de razonar cuando las emociones se han desparramado por la cadena de argumentaciones. Incapaces de lo que constituye un diálogo, y no dos monólogos de sordos, acuden al sentido común tal cual, como si hubiese algo de tal
Porque donde la mentira se obstina en proliferar, es decir la falsedad voluntaria, no hay amago de entendimiento ni consenso alguno.
Vagaremos errantes, sin camino; acaso sea la posibilidad hecha presencia sin ambages.
Crónica de una muerte anunciada: 155 y DUI o bien DUI y 155, aunque el orden de factores no altere el producto, sabemos que unos afirmarán una sucesión, y otros, otra. Reitero que el diálogo fue siempre una ficción en cuanto el punto de partida de E: unidad de España era irrenunciable y el de
A la edad en que parece haber caducado hasta la vida, merece detenerse y ser testigo aún ante dos eventos: la espontaneidad sincera e ingenua de un niño y su extrema facilidad para regalar sonrisas al viento que sopla, y la reluciente ilusión de un adolescente ante una cita esperada, con el glamour de que
De la culpa solo obtenemos angustia dolorosa, incluso sin ser responsables de nada. De ahí la urgencia de la honradez, ya que quien así vive puede sentirse exculpado y liberado del veneno demoniaco que otros pretenden inocular en él.
La sensación flotante e incierta del tiempo se adquiere cuando el cerebro no es capaz de retener hechos inmediatos o mediatos. Los días fluctúan como vagos reflejos blanquecinos, vacíos por falta de distinción y el presente es una etérea medida de la que solo posees certeza en el ahora. La mañana del día, ayer se
No se me antoja atractivo ser súbdita de unos, ni de otros. Quizás reclame la baja como ciudadana de todo Estado y me convierta en sin papeles, sin identidad y no existente. De ahí a que me trituren debe restar un paso.
Cuando la muerte nos da la mano no tenemos opción, porque no cabe elegir otra compañera de baile. Este se baila con Átropos, la deidad que mientras llevamos el ritmo sesga el hilo de nuestra vida. Y en este movimiento o estertor final, podemos sentir la mano de alguien amado que acompaña –qué valor y