Tendemos a pensar el tiempo como lineal, proyectamos o en su origen latino –proiectare- lanzamos hacia adelante hechos futuribles, que no son estrictamente hechos porque no han tenido lugar, aunque creemos que son posibles. Unas veces por el poder de nuestra voluntad, otras veces porque el presente apunta hacia ellos. Sin embargo, si analizamos con
Etiqueta: Guerras
El hecho de hacer un escrito algo derrotista con motivo de un final de año, algunos lo pueden interpretar como fuera de lugar. Sin embargo, lo que está fuera de lugar es adoptar una actitud algo cursi, fijándose solamente en lo que ha sido venturoso. Porque ¿qué ha sido afortunado a nivel planetario? Lo hago
El mundo es una decepción. Aún más, siendo incisiva, es el abismo del dolor, aquel al que nos precipitamos creyendo que no hay nada, o que hay nada, y nos empotramos contra el desgarro sangrante. No podemos, si estamos dotados de conciencia y empatía, vivir en un lugar en el que la mayoría no tiene
Con guerras, injusticias, asesinatos, un caos geopolítico con mandatarios que sorprenden porque hoy dicen A, y mañana B, y no sobre cuestiones menores; con ese trasfondo, empieza a notarse un remolino neuronal que lleva a picotear de la diversidad de urgencias sin poder pensarlas con serenidad. Son momentos en los que lo emocional irrumpe, se
El mundo es una decepción. Aún más, siendo incisiva, es el abismo del dolor, aquel al que nos precipitamos creyendo que no hay nada, o que hay nada, y nos empotramos contra el desgarro sangrante. No podemos, si estamos dotados de conciencia y empatía, vivir en un lugar en el que la mayoría no tiene
La afirmación de que estamos en decadencia parece una constatación de facto, aunque no lo sea. Hemos vuelto, como ignorantes desmemoriados, a los conflictos armados extendidos por todo el planeta, a genocidios ante los que el mundo parece quedarse mudo y paralizado, sin que nadie con auténtico poder haga algo contundente, al hambre como arma
Nuestras pisadas son indecisas, volátiles y nuestras huellas se difuminan con celeridad. Caminamos sobre un suelo fangoso, una ciénaga que engulle cuanto entra en contacto con ella. Somos seres temerosos, efímeros y contradictorios, y por eso eludimos afrontar los conflictos que están arrasando vidas, dignidades y que no siempre se manifiestan como guerras. Rebusco el
El cielo amanece hoy plomizo y encapotado. Simula una amenaza de algo que esté a punto de precipitarse y aplastarnos. A algunos les empieza a inquietar la culpa, a esos que aún les queda un resquicio de conciencia moral. Otros nunca se sienten aludidos. Un firmamento con esta presencia nos señala a todos; y a
Los ciudadanos de a pie, esos ninguneados excepto para adulterar los hechos con una premeditación clara y controlar nuestras creencias, no queremos ninguna guerra, ni en Ucrania, ni en Palestina, ni El Sudán, ni en esa multitud de territorios de los que desconocemos que haya conflictos armados enquistado desde hace décadas. No queremos guerras. La
Hay quienes están envueltos en una piel de serpiente, rugosa y árida. Demasiados. Otros están recubiertos de una fina epidermis que nos les aísla de la dureza del entorno. Si realizamos un ejercicio de introspección, cada uno de nosotros es capaz de reconocer su tipo de tegumento, y hacer recuento de cuanto contribuyó a la







