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Estamos antes la declinación neutra, la que de hecho no declina en absoluto y genera incomunicación por incomprensión de lo manifestado. Nos vemos, unos a otros, sin alcanzar a mirarnos, y suponemos elucubramos sobre el trasiego mental ajeno, para darnos de bruces con la oscura ignorancia. Y así, solo la compasión circula fluida entre los vasos no comunicantes  ¡pero se espesa tanto! que deviene carga pedregosa y paralizante.

Necesitamos declinarnos ante el otro para ser aprehendido.