El contrato social

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El fundamento de la ley es el contrato social, por el cual los ciudadanos ceden parte de su poder al Estado a cambio de que este garantice derechos civiles, sociales y económicos. Aunque, el pacto social hace años que entró en crisis, fruto del incumplimiento del Estado de las garantías contractuales que le corresponden, ¿qué resta del pacto fundacional cuándo quien concentra el poder –a través de la división de poderes en un estado de derecho democrático- incumple por corrupción sistemáticamente la ley, y el gobierno autonómico que  nos rige lo hace premeditadamente con la voluntad de fundar otro estado sin pacto social previo? Pues no nos queda más que un espacio arbitrario en el que ningún ciudadano entiende con claridad a qué está ciertamente obligado, ni qué tipo de consenso le obliga. Nos situamos, simbólica pero dramáticamente, al retorno del Estado de Naturaleza, en el cual no hay autoridad superior que todos obedezcan, y el desorden o la ley del más fuerte se acaba imponiendo. Hoy en día, como la violencia es políticamente incorrecta incluso cuando el otro se comporta violentamente, diríamos que impera la ley del más sagaz, del más hábil retóricamente, del que domine los medios de comunicación claves, del que se apodere con más perspicacia de las redes sociales. Una selva mediática que consiste en imponer el propio relato como el verdadero para elevarse como el legítimo y conseguir el poder. En síntesis, dos fieras desatadas acechando a su presa para someter a la manada.

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