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Menoscabados por la tozudez de la vida de retarnos insistentemente a lidiar con nuevas afrentas, ya no surge la sorpresa que provoca lo inesperado, porque si algo aprendimos de la existencia es que no hay nada que nos sea ajeno en su posibilidad. Casi todo cuanto nos ha acontecido nos evidencia que no somos inmunes a desafío alguno.

Solo desde esta perspectiva tendremos la fortaleza exigida.