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“Cuando ya tienes todo lo que quieres, ¿qué quieres?” se pregunta al principio de Mojave, filme de William Monahan, el protagonista. Y es que, como ya postularon algunos filósofos, el hombre es voluntad. Esto significa que somos la potencia misma del querer, no su objeto; por ello, no podemos restar anegados en una nada absoluta al poseerlo, en la medida en que no hemos sido consumidos con lo conquistado, ya que somos el querer previo a todo objeto. La voluntad es ciega, creía Nietzsche, porque siendo el Poder de, referida a sí misma, es autoafirmación, autodominio, la vida desnuda de ornamentos en cuanto su valor reside en ella misma. De tal forma que solo, el que confunde su voluntad de vivir, de afirmar la vida en sí misma –con el placer y el dolor que ésta implica- con los objetos que coyunturalmente queremos, se denigra tras cada “éxito”. De alguna manera esta actitud se asemeja a la de quien confunde el ser con el tener: el ser –la voluntad misma- se afirma en el mismo vivir, con la fortaleza que esto exige; el tener agoniza tras cada logro, por ser insaciable fuente de vacuidad.

La respuesta puede elaborarse, en consecuencia, apercibiéndonos de que no somos lo que queremos, sino el querer mismo que se manifiesta de forma excelsa queriendo la propia vida, afirmándola en su dialéctica paradójica como la forma más elevada de ser humano. Así, lo que quiero cuando ya tengo todo lo que quiero, es Querer.