Ternura -revisión de un texto (12-2018)-

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La ternura es una emoción bien escasa en un mundo colmado de crueldad e insensibilidad, necesarias ambas para resistir a las contingencias ruinosas que suelen esparcirse por doquier. Pero, por fortuna, esos ínfimos,  microsespacios en los que nos vemos atrapados por esa terneza vivificante, son reductos privilegiados que perdurarán en nuestra memoria emocional como  un bien, casi inmerecido por la propia truculencia autoprotectora.

Quizás sin esos tiempos de benevolencia tierna, no sería perdurable la sensibilidad que nos caracteriza como humanos y restaríamos incompletos, cercenados y devendríamos seres con impulsos agresivos y defensivos que harían la existencia un averno insoportable.

Andamos faltos de coraje para manifestar emociones que se identifican con la debilidad y la vulnerabilidad, aunque sea esa cualificación un quiebro para disuadirnos de ellas ¿Qué valor tiene una vida necrosada, si lo más valioso que poseemos reside en esa sensibilidad, emotividad que nos ensambla con los otros, culminando una necesidad oxigenante? ¿Por qué nuestra sensibilidad está puesta al servicio de la manipulación y del sistema consumista? La cuestión es, evidentemente, retórica. Todos sabemos que es una estrategia eficaz de sometimiento sutil. 

Reivindiquemos, pues, la auténtica naturaleza de nuestra sensibilidad y denunciemos las prácticas orientadas a mermarla y menospreciarla, a la vez que es utilizada con esa sutileza macabra.

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