Desbaratados y maltrechos

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Una vez vencidos, rendidos a la fuerza del acontecer, no nos restará más que padecer, ser pacientes; Unos dirán que nos hemos elevado al rango de mártires, otros que nuestras deficiencias eran mayores que nuestras suficiencias, y algún otro que la arrogancia desajustó el cálculo de nuestra potencia. Y, como agentes pasivos sobre los que recaen los hechos, un sutil resquicio nos quedará para huir del designio ganador.

Aquí, será decisiva la percepción de la causa que nos arrostró a la derrota. Y, acaso, solo quienes asuman la porción de responsabilidad que nos corresponde en la contienda fallida, intentarán paliar las consecuencias. Porque solo, si nos concebimos sujetos con la voluntad de decidir y actuar, podemos abordar la descomposición sufrida como sujetos capaces de mermar los errores.

¿De qué estamos hablando? Casi que de todo, y de nada en particular; tan solo de esta especie ofuscada desde que se quedó como Narciso deslumbrada por ella misma.

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