Aforismo desde el infierno

Un comentario

“Reverbera el hueco metálico, la sinfonía propia de los inocentes desmembrados e inertes. No hay ausencia más abrupta, gélida y vacía que la de aquellos que son caídos, no que rigurosamente caen.”

A de Lacalle. Relatos y Aforismos. Célebre Editorial. nº395.pg.126

Citarse a uno mismo puede ser visto como un acto de vanidad. Sin embargo, cualquiera que escriba sabe que, transcurrido el tiempo, lo ya escrito ha dejado en parte de reflejar quiénes somos ahora, y arrasaríamos con ciertos relatos, matizaríamos otros y con fortuna alguno pueda continuar transmitiendo el pensar y el sentir que continua vivo en nuestra mente.

Este aforismo es un ejemplo del último tipo de escritos mencionados, con el que me he tropezado rebuscando textos breves para leer en una entrevista en ciernes. Y uso el término tropezar porque según lo he releído, mi estómago me ha alertado con una sensación nauseabunda, que me ha obligado a volver a él y detenerme.

Hace días que leo testimonios de personas que trabajan en países de África, veo fotografías y me aterran los ecos del sufrimiento que llega hasta aquí. Cierto es que en el estado español hay un incremento de la pobreza alarmante que iremos visualizando cada vez más y, por estar tan próximos, decidir qué hago yo en una situación tan extrema. Mas la diferencia es que en continente africano y sobre todo algunos países, como Etiopía que es del que más información me llega, es tan denigrante, al menos desde las épocas del furor imperialista occidental y las consecuencias de devastación que estos actos criminales implicaron.

Así, las imágenes de niños muriendo literalmente de hambre, y decir literalmente es ver esqueletos trasparentes con pellejos y ojos saltones que deberían interpelarnos hasta el tuétano de nuestros huesos, esos que no se nos verán hasta que la muerte y el tiempo nos desintegren. Enfermedades erradicadas en occidente que son aún epidemias allí, más el covid19 ese que a nosotros nos ha dejado temblando y a causa del cual todavía no dejamos de tiritar.

De ahí que me haya estremecido este aforismo que evoca a los que son caídos, todos estos humanos y humanitos que nacieron sin opción, ni posibilidad alguna, más que la de realizar la tragedia que se les ha impuesto. No los extermina su pasividad, su vagancia, su incapacidad, su…No, lo hacen las condiciones imposibles para subsistir en las que se han encontrado, y en las que algo o mucho tenemos que ver los que acaparamos, no por acción sino por la omisión a la que nos somete con toda su potencia el sistema económico mundial, en el que unos viven y la gran mayoría subsisten o se desintegran.

Sé que puede parecer un tópico-típico, y ese es uno de los problemas:  hemos integrado como normal que en el mundo unos deben morir de hambre y miseria para que otros vivamos bien; darwinismo social en el que el criterio de selección es la acumulación de riqueza. Y está tan interiorizado que raramente se cuestiona. Como mucho hay reclamos sobre las desigualdades en el seno de los países más ricos, en los que no obstante nada cambia más que para ahondar la grieta que separa a los que están integrados de los que están excluidos.

Y asumimos que el mundo es así, casi como si los humanos no tuviéramos nada que ver. E indiferentes ante lo que acontece, nos entusiasmamos con las exploraciones espaciales en las que se invierten millones, previendo que cuando hayamos arrasado con la tierra colonizaremos otro planeta, bueno “algunos elegidos”; habiéndonos concebido como dioses que todo lo podemos, tarde o temprano. Prolongaremos la esperanza de vida, dicen, aspirando a la inmortalidad.

Aunque analizas, reflexionas y te apercibes de que no caeremos como los que son caídos, pero nuestra arrogancia y prepotencia nos explotará en el epicentro de nuestros cuerpos, cuando no tengamos ni la capacidad de controlar el grujido rabioso de la tierra que nos ensordecerá por doquier. Caeremos, pero será por responsabilidad propia, egoísmo, avaricia y vanidad, como ya ha desvelado, aunque sea parcialmente, un virus, un microrganismo que lleva un año condicionando la vida de todo el planeta.

Mientras tanto quienes tengan oídos para oír, seguirán escuchando la sinfonía propia de los inocentes desmembrados e inertes, y preguntándose ¿para qué la humanidad?

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