Ser madre es aceptar la propia incapacidad.

Un comentario

No hubo llanto en tu plácida huida del útero, sino la calma anómala de quien se siente plena y apacible. Toda tú blanca como un peluche reluciente y susceptible de ser besuqueado hasta la saciedad. Llegaste sosegada a un mundo que nadie, si pudiera desear, desearía al nacer.

Una primera infancia en la que tu jovialidad y tu sonrisa, a menudo más bien risa, nos mantuvo unidas con una complicidad ingenua y de una transparencia deslumbrante.

Mas, crecer fue apagando esa alegría sin que nunca perdieses esa aparente calma que te otorgó en ocasiones ese calificativo de sedante para los otros niños de tu edad. Y, mientras tanto, algo agrio se iba cociendo en tu interior que resguardabas con opacidad. Buscabas el equilibrio entre tu brillantez en todos los aspectos y el rechazo que eso generaba en tus iguales. Y ahí te mantuviste, en silencio; quizás sin acabar tú misma de aprehender qué sucedía. Y yo, satisfecha de tu belleza como persona, no me apercibí de hasta qué punto tu sufrimiento te iba carcomiendo. Te fallé. Y no porque no recurriéramos a ayudas externas que pudiesen orientarnos a ambas, sino porque no supe sentir que se equivocaban. Y es que hay circunstancias en las que comprender al otro pasa por resentir su padecimiento, y posiblemente el mío oscureció el tuyo.

Han pasado los años. Hoy estás en un proceso duro de autocomprensión, y eso requiere de mucho coraje y valentía. Pocos lo hacen a lo largo de su vida. La naturaleza del sufrimiento es otra, más consciente, más intensa, pero simultáneamente es un dolor que no se padece en vano, sino del cual resurge una fortaleza interior que, manteniendo tu sensibilidad y capacidad de cuidar de otros, te permite cuidar de ti misma.

¡Te restan tantos años en blanco por diseñar! Ese es el regalo, según como se perciba envenenado, que puedes convertir en trazos propios, grabados con el corazón herido y sanado. Así existimos todos, unos logran reparar su dolor, otros se quedan atrapados. Pero tú, con esa firme voluntad de seguir siendo quien eres no serás carnaza de alimañas, porque tu conciencia de reivindicarte es la mayor potencia que posees. Ahí estoy y estaré, no cual ejemplo que marca un camino, sino recordándote con mi presencia que existir es combatir demonios y neutralizarlos. Iremos aprendiendo mutuamente, porque vivir es un acto cotidiano que debemos reafirmar cada día.

Singular: 1 comentario en “Ser madre es aceptar la propia incapacidad.”

  1. On procrée par conditionnement physiologique, mélange d’envie et de répulsion qui s’accommode dans son présent mettant ainsi des espaces de temps différents dans la réaction. J’ai pu observer que la vie utilise toujours la guerre pour réguler ses problèmes divers, à partir du moment on on touche aux extrêmes. , La science en retire toujours un progrès spectaculaire, l’économie s’y colle pour repartir, l’esprit lui va devoir faire le tour des cimetières pour faire ressurgir des grands principes sans jamais revenir vers l’humanisme. Alors il faut aménager jusqu’à l’implosion inévitable qui surviendra. On a besoin d’enfants pour le parcours c’est un acte seulement réfléchi par l’amour, pas pas par les hommes. Et moralement ce délai d’innocence que l’être humain va passer servira de balancier pour le vide de ceux qui n’ont pas su y rester…
    Les hommes achètent des petits animaux qu’ils paient très chers pour les abandonner dès qu’ils grandissent.
    Alain

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