El mono insatisfecho.

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Tal vez, cuanto sucede en el mundo nos sobrepasa, formándose una red caótica de disparidades, fenómenos aislados que somos incapaces de interconectar. Sin posibilidad de establecer un cierto hilo conductor que dé cuenta del acontecer, somos como zombis que deambulan buscando quiénes eran y quiénes son ahora. Podemos admitir que no hay conceptualización que no sea fallida, pero necesitamos una cierta construcción comprensible, aunque sea para constatar que no da cuenta de forma satisfactoria, que no agota la diversidad del devenir.

Es preferible disponer de relatos insuficientes que hallarse en el vacío de toda posibilidad de comprensión. Porque sin puntos cardinales las brújulas no funcionan, y sin brújulas no podemos asumir decisiones sin fundamento.

El orden es necesario para cuestionarlo, reajustarlo, conseguir que posea cierta elasticidad. Sin embargo, el caos no es nada, en el sentido de que siendo todo idéntico por hallarse fuera de lugar, no hay resorte fiable desde el que reconstruir un sentido, el que sea, que nos permita construir-destruir para ir aprehendiendo.

La condición humana es huérfana, carente e impotente, sin relatos explicativos de sí misma y el mundo a partir de los cuales podamos interrogarnos, cuestionar, indagar y re-crear otros paradigmas provisionales que nos permitan intuir el suelo que pisamos, aunque sea exclusiva y subjetivamente nuestro.

Somos el mono al que no le es indiferente la rama del árbol de la que colgarse, porque siendo quebradizas todas, podemos caer en el abismo.

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