«Pedid que se os dará» o eso decían…

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Me atrevería a afirmar que todos nos hemos visto en la situación de ir andando por la calle, o estar sentados en una terraza de un bar tomando algo y que alguien se acerque a nosotros pidiéndonos dinero. Hay quien en estas situaciones ha adquirido el automatismo de decir No, otros dudan y unas veces dan y otros de abstienen, y por últimos los hay que siempre dan porque aunque se propongan no hacerlo, les acaba pudiendo la sensibilidad ante la situación  del demandante que siempre suscita dudas.

Cierto que hay quien pide para consumir determinadas sustancias, otros no sabemos para qué, pero admitiendo que no es una situación deseable para nadie, ni por nadie, entiendo que siempre es por carencia y necesidad. Es el rostro detrás de las estadísticas que hablan de la pobreza.

A menudo hay gente que advierte que engañan a los que dan, porque su propósito no es el que declaran. Usan la compra de medicamentos en farmacias, para cuando el donante se ha ido, volver a la farmacia y bajo cualquier excusa devolver el fármaco y quedarse con el dinero, les ofreces invitarlos a un café con leche y un bocadillo y unos aceptan pero otros se van. También hay quien entra contigo a un supermercado y te pide que le hagas una pequeña compra. Ésta es muy básica, a veces; otras tienes que poner freno porque te das cuenta de que pretende comprar productos que son caprichos.

También te advierten en estas ocasiones de que lo que se ahorran en la compra, se lo gastan después en cosas innecesarias.

Sin embargo, a mí me reconcome siempre la idea de que sospechamos del engaño de los que piden por la calle, cuando todos hemos engañado en cuestiones monetarias alguna vez, o casi todos, y los grandes corruptos que roban a otros no están en las calles pidiendo. En otros términos, la cantidad que pueden obtener con engaño en aras de su supervivencia o la de sus familiares y el monto que muchos otros, integrados y normalizados, roban sin ningún tipo de pudor al resto de ciudadanos  no tienen comparación posible.

Nos incomoda ver los rostros de la pobreza pidiendo a nuestro lado, y nos justificamos con la sospecha de que todos están engañando. Tras esto, muchos son grandes teóricos de las desigualdades sociales y las injusticias que viven cómodamente o con suficiencia, que cuando se enfrentan a una situación concreta de las que denuncian, recurren al supuesto liberal, que se ha inoculado en nuestro inconsciente, de que quien es pobre lo es porque quiere, y porque no ha luchado y  se ha esforzado, vaya el reverso implícito en el  sueño americano.

Seamos honestos. Quien vive en la indigencia por las causas que sean, con adicciones, problemas mentales o una mala gestión de su propia existencia, no desearía estar en esa situación. Dejemos de señalarlos como impostores para acallar nuestra conciencia. Sabemos, no hay que ser ingenuos, que nuestra aportación no soluciona el problema de la pobreza; éste es estructural, complejo y depende de la voluntad de élites y corporaciones internacionales, y muy poco de mi gesto aislado. No obstante, lo que aquí intento exponer es la convicción inquebrantable de quien siempre sospecha del pobre y nunca duda de si su pequeña aportación no contribuirá a que una familia coma un día, aunque sea una barra de pan. Que no nos remueva la conciencia, que la sensibilidad se mantenga intacta, que pasemos de largo sin dudar nunca de nuestra respuesta ante esa demanda, recurrente, solo me suscita la duda de si no quedan o quedamos los que podamos reaccionar así, deslegitimados para denunciar la indigencia y la pobreza, porque esos textos acaban siendo palabras vacías. ¿Tampoco nos preguntamos nunca si contribuir con alguna ONG tiene realmente efectos beneficiosos sobre los excluidos? ¿Cuántos hacen aportaciones a ONG, pudiendo hacerlas, que trabajen por minimizar el hambre, y pobreza extrema que provoca muertes en el mundo?

Como ocurre a menudo, muchos acabamos convertidos en teóricos de despacho que no queremos ser molestados ni incomodados. Mientras, restan personas que ante la duda se dignan a hacer una compra básica a alguien, donar en bancos de alimentos y contribuir con organismos no gubernamentales a paliar el sufrimiento de muchos humanos que ven vulnerados sus derechos. También se duda de lo que las ONG hacen con nuestras aportaciones; cierto que se han dado casos de corrupción, pero me pregunto ¿dónde hay humanos y no hay corrupción?

Está claro que el darwinismo social es el mecanismo derivado de la propia condición humana quien dirige nuestras acciones. La lucha descarnada por la supervivencia, cuyos extremos vemos manifestados en el rostro del indigente y del teórico político, social o filosófico que nunca se siente interpelado. Obviamente, hay muchos más rostros pero aquí me interesaba resaltar el padecimiento de unos y la indiferencia de los otros.

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