La determinación que, a menudo, expresamos no se ajusta siempre con lo que, tras esas prolijas manifestaciones, hacemos. Esta dislocación debe ser entendida como una incapacidad compleja para actuar como desearíamos inmersos en los diversos contextos. De lo contrario, emerge la culpa como una sigilosa serpiente que nos acaba mordisqueando con ahínco. La incapacidad compleja
Etiqueta: maldad
“En ocasiones, las tempestades provocan que aquel cansancio hacia el que los mil acontecimientos que estaban implicados, unos con otros, formando una maraña ante mí, más allá de la forma, se ordenaran en una serie. Eso posibilita la comprensión de lo que acontece, que es al fin y al cabo lo relevante. A pesar de
Imagen extraída de: https://poematrix.com/autores/la-poeta-gotica/poemas/el-bien-y-el-mal No puede garantizarse la presunción ingenua de que nadie desea el mal del otro, si así fuese la maldad sería directamente proporcional a la incompetencia, pero la constatación es que éste presenta un índice de crecimiento superior al conjunto de habitantes de la tierra, por lo tanto la maldad no reside
“(…) Empiezas a comprender que a la vida no le incumbe recompensar el mérito. (…) Vas descubriendo que a medida que los testigos de tu vida disminuyen, hay menos corroboración y, por consiguiente, menos certeza de lo que eres o has sido.” Julian Barnes, El sentido de un final, Anagrama compactos 2014.Barcelona Lidiamos, junto a
La certeza se filtró por los poros de la impotencia, tal como un fluido se expande libremente sin posibilidad de encapsularlo en un perímetro de seguridad. Así, sin apercibirnos de la inconsistencia de las afirmaciones proferidas, creíamos avanzar en busca de un horizonte rigurosamente perfilado. Ufanos, engreídos, boceábamos verdades por doquier que ratificaban nuestra condición
Inhibiéndonos del mundo, podemos deslizarnos como culebras entre los resquicios de su lentitud, para advertir la ubicación subrepticia que se nos muestra como propia, tras el fracaso reiterado de transitar por un hábitat del que no podemos apropiarnos, pero que nos engulle y deglute como a insectos insignificantes hasta someternos o aniquilarnos. Carecemos de la
El gusto por “lo bello” es el regocijo de una sensibilidad indiscriminada que se reconoció degustando lo más ruin de lo dionisiaco. Huyamos de la estética como refinamiento, ya que quien gusta por su sensibilidad está expuesto a cualquier paladeo.
Saturados de maldad e incapaces ya, de metabolizar la propia y la ajena, el humano del S.XXI convulsiona y vomita ante la posibilidad de reconocerse en algún artefacto artístico como Lucifer; Temiendo que el arte disponga, por naturaleza, de una función especular, no soporta re-conocerse, porque se conoce. Sabe del dolor, la maldad, el salvajismo





