Ninguna generación puede calificarse de “perdida” ya que cada una carga con los despropósitos de su época, haciendo posible generaciones, tal vez, con mayor fortuna.
Autor: Ana de Lacalle
Extenuad las palabras hasta llenar el espacio de silencio y callad. Callad y estad. Estad como supuesto implícito para poder callad. Y alcanzado ese estado de fatiga y pasividad, dejad que acontezca cuanto sea, que nos arrastre definitivamente a la certeza, despojándonos de la angustia de un no saber que menoscaba el ánimo y la
Ante la figura de un filósofo que destruye andamiajes fortificados, la reacción es el dogmatismo, síntoma inequívoco de las trampas encubiertas del sistema devastado.
Lastrados por una historia, siempre ambigua y subjetiva, disertamos sobre una identidad difusa a la que nos aferramos, por pavor a no ser nadie. Así se sostienen individuos –no sujetos- grupos –no comunidades- y naciones que se elevan ya en su grado de abstracción a tal punto, que devienen un ente espiritual.
Nunca fui persona de guardar “cosas”, ni por ende de símbolos. Me espesan las habitaciones llenas de objetos que nada significan. Siempre intuí, y esto es un acto emocional, que lo que cabe recordar se resguarda en la mente, fluido o rebujado, pero en el interior y en la intimidad que no queda expuesta a
El pesimismo no es el resultado de una pasividad carente de coraje, sino la actitud de quien, como Sísifo, descubre la inutilidad de su empeño.
“Estar convencido de lo que sea es una hazaña inusitada, casi milagrosa” Si Cioran en su obra “Desgarradura”-1979- escribía este aforismo, hoy constataría que los milagros existen, y que su cotidianidad los ha desnaturalizado de tal forma que, de facto, ya no existen los milagros.
Enredaderas de palabras que penden ya vacías sin que comprendamos nada.
Todo parece sanearse ante la presencia, algo prolongada, de un tierno infante cuya lucha se circunscribe al dominio de su cuerpo y su inmediato exterior. Los recursos que crea, una y otra vez, tras fallidos intentos para apropiarse de una pieza de madera que retendrá su interés un par de minutos a lo sumo; y
Somos ínfimos y diminutos ante la enormidad de lo que al suceder nos desborda. Nosotros, arrogantes y vanidosos, presuponiendo que podíamos doblegar el mundo acabaremos centrifugados por el remolino de nuestra huracanada temeridad.