Tras la típica pregunta, usada en demasía en los últimos tiempos (¿Para qué la Filosofía?), yace la sospecha de la inutilidad de una disciplina que urge minimizar para dar cabida a otras, en los planes de estudio de mayor rendimiento. Hartos y empalagados estamos todos, incluidos los filósofos, de dar respuestas que no pueden oír
Autor: Ana de Lacalle
Hay cuestiones, que además de recurrentes, nos parece que siempre hayan estado ahí y que por flojera de las generaciones presentes se convierten en actualidad como un problema grave y nuevo. Este podría ser el caso del acoso escolar del que muchos afirman que siempre ha habido y nunca se ha hablado tanto como ahora.
La vinculación a las promesas ajenas se nutre de la esperanza, de la creencia de que ese futuro, difuso hoy, es la vida que anhelamos. Las promesas no se sustentan exclusivamente en la voluntad de quien las profiere y en la confianza de quien las acoge, si así fuese serían certezas sobre el devenir que
(Artículo publicado con anterioridad en el blog nomecreocasinada.com…sobre la vida misma) La denominada sociedad postmoderna está desde, hace años, cargada de tópicos que tal vez no responden fielmente al tipo de sociedad en la que nos encontramos. Antes de profundizar en algunos de ellos, deberíamos explicitar los presupuestos de los que parte esta descripción, hoy
Las circunstancias, que entretejen el camino al reconocimiento de sí mismo, dificultan el propósito; actúan como zarzas que desgarran la piel, atemorizan y paralizan al sujeto. Así, deslindar lo propio de lo externo –de esa alteridad que no siempre es inocua- deviene un trasiego continuo para no confundir el yo con lo otro. Quizás habituarse
Desde que, en las postrimerías de mi adolescencia, me presentaran a un señor prusiano que se le antojó decir que el tiempo era una de las condiciones subjetivas, sin las que la experiencia no era posible, nunca más superé la problemática existente alrededor de este concepto. Debo aclarar que este impacto no lo sufren la
Quien deja el rastro gráfico a través del lenguaje de su devaneo mental pretende que esa pieza –tal cual esta- sea leída autónomamente, sin más datos; como sobre si había entrado ya el calor, llovía o el corazón no bombeaba a buen ritmo, cuando fue creada. De momento, no soy ninguna efeméride, por lo que
Lo sedoso invita a la laxitud, la distensión, la flacidez que no es acedía, como convienen algunos. Es un estar, casi dejando de estar, rumbo al abismo de un oceánico sentir que disgrega la propia miseria en un todo unificador y reparador. Enredarse entre telas sedosas y dormitar es para quien no se droga como
El reconocimiento de sí mismo se produce en la limitación del no-yo, en la distinción de los que sustenta mi identidad y lo que la delimita. Ahora bien, sin duda estos límites mentales se establecen en una dialéctica entre el sí mismo y la alteridad que permiten identificar lo propio –identidad- y, lo que sin
Nadie está consagrado a predicar el dolor como si fuera una forma de vida a practicar. Los que sienten alergia crónica a contenidos de alto voltaje, los menosprecian como desgraciados mediocres a exterminar, casi por riesgo de contagio. Temer a quien reconociendo el dolor le da vida, ante la mirada de los neófitos existenciales, es