El debate sobre el mal estado de la educación, que dura ya excesivamente, alimenta el sentimiento de legitimación de aquellos alumnos que pudiendo por capacidad, no ejercen por otros motivos, porque son estos estudiantes hábiles consumidores de las justificaciones en uso. El problema no se resuelve por decreto ley. Sino asumiendo que quien lidia directamente
Categoría: Anagramas
Quien se victimiza puede empoderarse, por la verdad que siente que le avala, y convertirse en juez dictando cómo debe vivir su supuesto verdugo. ¿Y si el daño no fuera más que un delirio de quien confundido yerra el culpable y dinamita lo único veraz que le queda? Compleja concatenación de víctimas y culpables que
Los derechos humanos son una declaración formal de principios que enmascaran la verdadera voluntad de los que subscriben cínicamente tal engaño. Ni corresponden por naturaleza, como se ha demostrado, ni se otorgan, de facto, por condición civil. Tan solo se vocean en los discursos políticos como maquillaje del benefactor.
Todo cuanto nos rodea se disgrega acompasando la descomposición interior. El hábito se contornea y deja de ser costumbre, queda pues la improvisación desnortada que evita la parálisis. No se da reconocimiento alguno, puesto que se difuminó lo conocido, y nada parece ser como antaño. Sondeamos, palpando mano a mano, rastros de paredes y terrenos,
La comunicación es un circuito labrado con esfuerzo que se espesa de polvo con premura. No tan solo se entumecen las palabras, sino que restan atoradas las intenciones. La falta de tránsito fluido obstruye el canal y, por ende, asola toda posibilidad de relación habida o por haber.
Hay escritores cuyo justo reconocimiento será tardío; quizás cuando la muerte lo torne ausencia, sea una presencia prestigiosa. ¿Será mala índole Sr. Marías?
Entre el diálogo infértil de dos lenguas viperinas no queda ni recoger el rastrojo tóxico. Mas, sería legítimo sanear el ambiente de tanta podredumbre lingüística y de voluntad, no fuera que como un virus se infiltrara en gente de mente inocua.
¿Quién puede erigirse en juez supremo para intervenir en una relación de amor y decretar la necesaria separación? Quizás aquel que, sujeto a la convención social, carece de criterio alguno sobre lo que es amar.
Quien se dice narcisista y cree que todo gesto ajeno alimenta su ego, se lamenta por ello y exige correctivos, vive un sueño que enmascara su auténtica desdicha: el reto del deber ser, autoimpuesto como condición necesaria de un reconocimiento que le otorga seguridad.
Era un día especial, intenso. ¡Tanto, que los minutos eran tan elásticos como los días, los últimos semanas, y los meses eternos! Aunque, en realidad, solo hubiera que esperar algunas horas para el momento decisivo, le pareció que su existencia se desplazaba por la infinitud del tiempo. Constató que lo relevante nunca es lo que