Quien habiéndose reconocido a sí mismo y a la alteridad como entes en dialéctica continua y reactualizada, no ceja en su actitud de búsqueda. Así se da la posibilidad de que se pregunte por lo no-ente, lo que está más allá de lo existente, de lo determinado. La cuestión es si hay algo que subyace
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La realidad[1] se muestra, a veces, excesiva. Como una tragedia descarnada que se hace insoportable, para quien posee una naturaleza escasamente dotada para soportar tanto desgarramiento. Por eso, la imaginación como amiga temerosa nos previene de lo más terrorífico, como por ejemplo que “sea nuestra madre la loca que va por los pasillos blancos con
Hace algunos días una madre valorando el cambio de colegio de su hija afirmó con contundencia: “todo lo nuevo gusta”. La que suscribe el texto, perpleja ante tanta superficialidad y frivolidad, asentí con media sonrisa impostada deseando que desaparecieran de mi vista, porque ya los conocía y en el fondo no me sorprendió su insustancialidad.
Qué pelmazos somos. Regurgitamos cuatro ideas que vamos obsesivamente alternando, como si la mente no tuviera capacidad de digerir más. Será nuestra pobreza cultural –en parte sí- el carrusel monotemático en el que estamos inmersos, el sometimiento social que tan suavemente nos acalla, la fragilidad ante el dolor, el cansancio del esfuerzo. O simplemente plomazos.
La vida es como una gran mansión distribuida en múltiples salas, a las que hay que añadir recodos insospechados, y a las que no podemos atender simultáneamente. Vamos transitando de una a otra estancia con el pesar de que el grado de decepción y decaimiento aumentan por el camino y el tiempo. Esta percepción, que
Mientras el deseo, la voluntad y en definitiva el yo se despliega sin oposición no hay alteridad ni conciencia de ella. Diríamos que no hay límites para la expansión del yo, que todo parece “ser yo”. Así, en el momento en que el deseo y la voluntad notan resistencia, reacción contra su extensión, el yo
La filosofía es, por supuesto, inacabada. Así lo afirma desde una perspectiva, una fragmentación más, la filosofía del reconocimiento que la entiende como un dinamismo de reconocimiento dialéctico continuo. Marina Garcés dedica un libro[1] a consagrar su convicción de que hoy la filosofía no es un relato lineal ubicado perfectamente en la linealidad de la
Cuando el objetivo de nuestras vidas es la felicidad, una ansiedad nociva se ha disparado en nuestro interior. La existencia, como misterio que vamos aprehendiendo por la experiencia, no admite fines ulteriores que exigirían una comprensión global de su naturaleza. En la medida en que forzamos un sentido vital sin poseer el conocimiento de qué
La Libertad, como autonomía de la propia voluntad, exige una serie de condiciones para poder ser ejercida. De la misma manera que no puedo elegir donde, de hecho, no hay elección, tampoco puedo elegir donde mi voluntad se muestra vacía, se niega a sí misma, porque su falta de fortaleza no la mueve hacia objeto
No somos, per se, viajeros o navegantes que resiguen cada línea del mundo gozosos de cumplir su Telos. Antes bien, parecemos, y acaso seamos, seres arrojados desde el negro horizonte, como adolescentes expulsados de una tribu para lograr su madurez. En este no-siendo, sin saberlo, la búsqueda de identidad es una cadena perpetua, encubierta, orientada