La memoria es emocionalmente selectiva, pero deberíamos velar para que no fuese ideológicamente falseadora.
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La paz no es posible mientras haya conflictos políticos. Pero tampoco desigualdad de oportunidades e injusticias, aunque estos derechos implícitos estén demodé.
Yo misma puedo ser supinamente estúpida, pero me retuerzo para abandonar ese estado de necedad.
Para alcanzar la estupidez no se necesita esfuerzo, razón por la que abundan los estúpidos –necios, faltos de inteligencia-
La esperanza, reducida a la expectativa en nuestros tiempos, tiene tan corto alcance que ya sea satisfecha o frustrada está destinada al fracaso vital.
Contra el vicio de no escuchar, la virtud de esperar en silencio el gesto apropiado.
La banalidad de ser una hormiga se nos antoja tremendamente atrayente cuando ser un humano deviene excesivamente contundente.
Tras una vida sufrida, sino no hay vida, solo cabe aguardar la consciencia de la muerte, siempre prestos cuando llegue.
Situarse frontalmente ante la muerte, obligado por una enfermedad terminal que te consume, exige la fortaleza de querer morir sin dejar cuentas pendientes.
El pasado no es tiempo propiamente, sino lo que recordamos o regresamos al corazón insistentemente. Así, constituye presente activo latiendo al ritmo de nuestra actualidad, fundido y confundido.