Extraño es quien coincidiendo en el tiempo y espacio vital, se asemeja al tránsito de una mosca que se posa, viene y va.
Si exhortamos, a todo el que ose, a lidiar con las figuras más monstruosas que cobijamos, debe ser a fin de combatir ese fondo diabólico que nos sujeta, en potencia, a transformarnos en aspectos del mal descarnado. Cualquier otro fin carece de sentido, excepto que alguien desee retozar en el lecho con el maligno.
a través de La virtud de saber dar Clica para ver post de octubre de 2015
El deseo devora el objeto deseado sin mediación, el querer sostiene la distancia entre el yo y el otro. Algo así, como devoro un pastel, pero me como a besos a quien amo, sin que éste deje de ser por sí mismo.
Hay quien no decide sobre su vivir porque sabe que no le pertenece totalmente. Que un día sin avisar la parca decidirá por él. Y así ni vive, existiendo, ni lo hará por supuesto una vez muerto.
Es una labor artesanal saber manifestar al otro las necesidades propias sin caer en el reproche que culpabiliza; esa fina aguja discreta que sin ser detectada va penetrando espacios hasta culminar en una reprobación dañina. Para tal efecto, mejor el silencio de quien tal vez se lamenta por exigencia excesiva.
En los prolegómenos de cualquier giro significativo en la vida, se turba la vista, las palpitaciones se superponen y el pulso se confunde, por su temblor entre el miedo y la premura.
a través de La decadencia del héroe occidental Clica el enlace para ver el post de marzo de 2016
La culpa se asemeja a esas personas que, tras una aparente ingenuidad benigna, van lanzándote puyas como quien no se apercibe de lo puntiaguda de la palabra proferida.
El desamor es una angosta carretera de vuelta que carece de normatividad y reglas válidas. Mas, desvariemos como lo hagamos, nunca es eludible arrancar la piel de lo dado y recibido dejando un herida en carne viva.