Ante la inquietud de una espera tal vez sin resultado, se arremolina la neblina del vapor imaginario de espectros malignos y el empecinamiento voluntario de expulsarlos de cuajo. Mas, ¿por qué hace aguardar quien conoce el abismo que genera? ¿Es una prueba de lealtad? ¿Una imposibilidad? O acaso ¿La espera sea en sí misma un
Observo manadas por la geografía mundial, no de animales, sino de personas revestidas y tratadas como animales. No pienso, se me obtura la mente. Ahora sí, reaccionan las neuronas. Recuerdo filmes sobre genocidios, como denuncia de lo que no debería suceder más. Vuelvo a mirar la pantalla. Dudo si no es otra película de
La presunción de inocencia tiene sentido cuando nos referimos a un delito cometido de forma oculta, discretamente, intentando no dejar pruebas que inculpen al autor de los hechos. Es decir si alguien delinque a escondidas y evitando su identificación. Ahora bien, si alguien entra a atracar un banco y, por mala fortuna, uno de los
Tejer un entramado que simule tener vida, es el averno candente para quien pulverizó la alteridad por menosprecio.
Nada más errático que la singladura hacia la propia identidad, aunque del todo irrenunciable.
a través de Aforismos o tuits Clica para ver el post publicado en abril de 2016
A un escritor, siempre le escriben sus libros –sin alteridad sería estéril-
Si desmenuzamos exageradamente todo cuanto es objeto de nuestra reflexión, corremos el riesgo de perder la perspectiva unitaria e íntegra y en su contexto de eso que nos empeñamos en comprender. Quizás sea más apropiado no perdernos en disquisiciones que desarraiguen la cosa del mundo, o desembocaremos en teoréticos místicos que ascienden a las alturas,
En el amor y la amistad yace intrínseco un reconocimiento interior del otro inmediato. Si este acto de mutua conexión se dilata, el vínculo no está afianzado por incapacidad de alguno o porque no existe posibilidad vincular entre ambos.
Descreídos por los buenos augurios que se avecinan, rebuscamos la trampa y el cartón de esa realidad benévola. Ineptos ante treguas de semejante calibre nos invade la parestesia y una confusión mental que paraliza alguna posible respuesta.