Si la voluntad de un pueblo de ser solo puede legitimarse por lo que ha sido, quizás estimulemos las miradas sesgadas de la historia. En consecuencia atendamos a lo que un pueblo manifiesta hoy, pero ¡cuidado! No la mitad de éste que ha impuesto su ideología por artimañas manipuladoras para aumentar sus seguidores, hasta el
Si el mal no fuera consecuencia de una voluntad premeditada, sería un accidente. Pero la concurrencia de la elevada accidentalidad es tan sospechosa que solo una mente supinamente ingenua –como la incidencia de los accidentes- casi sin conciencia, puede sostener esa hipótesis.
Sentirse no es ser, lo cual genera una brecha dulce para unos y amarga para otros.
Lo fantasmagórico fluctúa con lo real en una extraña dialéctica que deriva en conversaciones desplazadas sin significado para el otro. A eso denominan locura, sin captar que lo gestado simbólicamente manifiesta los miedos y angustias internas más auténticas del “loco”. Algunos solo lo sueñan, otros trasgreden los límites de lo onírico y lo funden o
Podemos enmudecer con tan solo una experiencia al límite.
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Implorar lo que nos pertenece es despojarnos de ello y reconocer la legítima usurpación por parte del otro. Por eso algunos recurren a la violencia, como acto que exige el retorno de lo propio y expoliado. Una vía intermedia sería que los agresores reconocieran su delito sin necesidad de imploración, ni de violencia. Así tal
La falacia de que ejercemos nuestros derechos es un trueque mental, idóneo para la sumisión, impostado de deberes como contrapunto
Mientras ardamos de perentoria carencia, nunca sabremos si amamos o necesitamos.
Quien no cabe en sí mismo, explota; frente a la mayoría que podríamos implosionar.