La injusticia es el único resultado posible de unes leyes humanas dirimidas por jueces humanos, una vez que abogados, que no buscan la justicia sino el éxito, han expuesto lo que contribuye a su propósito.
Sepámoslo o no, algo de razón tenía Berkeley cuando afirmaba que todo está en nuestra mente, al menos lo más relevante.
El abismo es el límite en el que algunos retroceden para recuperar la vida, otros lo abrazan.
El rol que desempeñamos en la relación con el otro puede inhabilitarnos para emitir ningún tipo de juicio moral sobre su conducta. Ayudarle a comprender las causas y motivos de esta, le llevarán a intentar inhibirla o a reincidir por voluntad. Lo relevante es que sea por decisión y no por impulso. Esta labor, en
La manifestación reiterada de un deseo o querencia, que pueden tornarse en quejas o reproches, provocan en el otro una reacción airada y defensiva que denotan la firmeza de una voluntad exenta de cambio alguno. Será, tal vez, una ausencia de coincidencias, no identificadas pero sustanciales.
No existe aún teoría capaz de explicar de forma satisfactoria el binomio mente-cerebro y todo cuanto esto implica –si no se da tal dicotomía hay fenómenos que resultan inexplicables, si se sostiene la duplicidad no se ha dado con la relación entre ambas- Este escollo científico tiene especial importancia en el campo de la neurología,
Quizás nunca seamos ese ideal forjado en el seno familiar y tamizado por nuestra conciencia crítica que niega lo no deseado, pero lleguemos a ser quién podamos será una conquista propia resultado del esfuerzo, el coraje y la convicción del NO a un ideal nefasto –negar dota de una fortaleza y una seguridad inusitadas-
Venimos a existir sin nada, necesitados de mucho para poder vivir.
A quien solo le acalla el miedo se difumina en la masa que se le antoja como un escudo protector. Aunque me temo que la tecnología ha roto en gran medida el anonimato.
Quien entiende los sucesos como señales, necesita simbolizar el acontecer para convertir su vida en un relato coherente.