El término penetración posee un sentido siempre abrupto y agresivo. Su uso es diverso y aplicable a variedad de contextos. No obstante, no deja de inquietarme el hecho de que para referirnos a la cópula sexual –unirse o juntarse sexualmente- haya prevalecido el uso de este término, penetración, que lleva incorporado el órgano sexual masculino
Si no hay re-conocimiento, es decir identificación de lo ya conocido, no cabe esperar progresos ni en los vínculos con otros, ni en el aprendizaje, ni en tarea alguna.
Los sueños son como cuentos gráficos que nos desvelan lo más inverosímil que, aún pareciéndolo, se halla como contenido pujante en nuestra mente. A menudo, nos quedan rastros difusos de imágenes asociadas a emociones, que contrastadas con nuestra experiencia, se nos antojan irreales e incluso contradictorias. Pero esto sucede con el suceso narrado en el
Esa imagen caricaturesca que representa a nuestra conciencia, rodeada a cada lado por un demonio y un ángel emitiendo voces antagónicas, es sutilmente exculpatoria en la medida en que insinúa que el bien o, sobre todo, el mal de nuestro actos proviene de una presión externa a la que acabamos cediendo. Nuestra culpa es nuestra
Si el humano es solo un existente, su vida le pertenece en la medida en que no hay proyección ulterior, él dota de valor y sentido a ese hálito material y lo despoja del vivir sino lo considera digno.
Si el alma es lo real del humano, y no podemos constatar su presencia, somos una quimera insoslayable: acaso una necesidad espiritual que nos vincule a un dios, o un ansia de inmortalidad.
La convicción de que lo auténticamente real debe permanecer siempre estable, e invariable se aleja tanto de la experiencia y del sentido común que si escudriñásemos las implicaciones de esta perspectiva veríamos que real tan solo debe haber algún tipo de ser que no se deja categorizar por nuestros parámetros habituales e irreductible per se.
En el ingenuo candor de un infante riendo desde lo más hondo de sí, el mal queda aniquilado. No hay escena más bella, limpia y terapéutica que ésta, en un entorno tan deshumanizado, constituyen el último baluarte de una civilización despiadada y maligna.
Mientras reste acontecer, hay decir; ya que nunca se agota el logos que intenta atrapar la vida para exhibirla sin ambages.
El desatino en el vivir puede que sea un síntoma de desapego a una existencia ominosa.