Quién no se ha descubierto, en alguna ocasión, como un esperpento patético de sí mismo, desinhibido, a-culturado y salvajemente diáfano.
Donde reste un espacio para tu decir, que nadie usurpe tus palabras.
El individuo que ha sido cosificado siempre, construye su identidad como objeto –nunca como sujeto- y por ello se siente disponible, sin límite alguno, para satisfacer las necesidades ajenas. Incapaz aquél, por su naturaleza de cosa, de concebir las propias.
La carencia absoluta presenta rostros descarnados en aquellos que mueren de inanición, esta es, a su vez, la versión más cruel de la desigualdad e injusticia entre los hombres. La penuria presenta grados diversos según la geografía mundial, pero siempre es la consecuencia de un sistema de económico que de base implica un reparto injusto
Asolados por una obsesión, casi maniaca, algunos políticos nos llevan, no al abismo del que ya nos hemos precipitado, sino directamente al vertedero.
El alba por acontecer, entre los fríos dedos, de quien se recuesta las últimas horas de la noche en un teclado, salvado del ruido, de toda mirada, en la privilegiada soledad que nos brinda la ocasión de habernos conocido.
Se abre el día y se despliega en toda su extensión como excesivo, sobrado. A quien le falta el sentido le excede la vida.
Solo quien so-porta, sos-tiene la vida, calibra su gravedad.
Porque la fugacidad es relativa, una existencia inclemente resulta casi eterna.
Al aproximarse los estertores finales la necesidad de ser perdonado revela la auténtica conciencia del humano.