Hay cloacas en las ciudades no habitadas por ratas, sino por mamíferos humanos despedazados.
La melancolía es el poso eterno de una pérdida irreparable.
Si decimos que el mundo es tan solo un “devaneo óntico” ¿cómo indagar sobre una realidad que puede desbordarnos?
Pinocho era un muñeco de madera que quería ser un niño de verdad, hay niños que querrían ser de madera.
Todos nos sentimos huérfanos, prematuramente o tarde. Y este desgarre de no poseer el cordón primigenio que nos sustentaba ubica la existencia en los parámetros que le son propios.
Es un privilegio poder leer, desmenuzando lo reseguido. Un lujo el hábito de practicarlo con el mínimo esfuerzo. De arrogantes vanagloriarse, de desagradecidos desperdiciarlo.
“Dime con quién andas y te diré quién eres”. Presupone el refranero la necesaria homogeneidad de los individuos para que puedan relacionarse. Aunque, a priori, la mayoría negaríamos está aserción, debemos reclinarnos, en parte, ante el saber popular que emana de la experiencia de estos dichos, si somos capaces de reconocer que en situaciones de
La política democrática ya no se ocupa del interés general, sino de la lucha por el poder. El denominado bien común no es más que el temario común sobre el que glosan las campañas electorales orientadas a conseguir ese poder. No se trata por tanto de proponer proyectos posibles, sino que convenzan a los ciudadanos.
Vertimos todos los esfuerzos y refuerzos en el empeño de sostener la dignidad vital, hasta que “algo” nos revela interiormente que: o la vida es meritoria por sí misma o ¿por qué acreditar un hecho biológico que nuestra conciencia nos condena a solemnizar para poder transitarla? El infierno del hombre es la autoconciencia, no hay
Discurrir en qué consiste actuar virtuosamente, en un contexto determinado, es ya una cuestión diferente de si debemos ser virtuosos o no, y de qué es una virtud.