La convicción de que lo auténticamente real debe permanecer siempre estable, e invariable se aleja tanto de la experiencia y del sentido común que si escudriñásemos las implicaciones de esta perspectiva veríamos que real tan solo debe haber algún tipo de ser que no se deja categorizar por nuestros parámetros habituales e irreductible per se.
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Amanece suave y lentamente, como cada día. Nada del mundo altera este devenir heraclitáneo, este ciclo de contrarios que, por ende, contiene en sí todo conflicto existente. De tal modo hay día, porque hubo noche; y bajo este parámetro dialéctico parece que debamos asumir que hay judíos reivindicando la ciudad de Jerusalén, porque de igual
Existir es deslizarse por una ciénaga grisácea, sin resortes estables, sin certezas; es, por tanto, un desafío, un reto a la voluntad y al coraje de dar forma a la existencia a riesgo de no atisbar ni un ápice de vida.
Los rostros, tejidos por las arrugas, delatan el tiempo y cómo transcurrió éste. Los hay tremendamente plásticos que acogen punteados los rasgos de la variedad de expresiones. Otros, profundamente hieráticos, se muestran casi lisos y ajenos al tejer de la vida. Así, un rostro ajado por los pliegues del tiempo es la evidencia de una
Al margen del debate existencialista sobre si la existencia precede o no a la esencia, cruje actualmente la distinción entre esa existencia y la vida. Porque podemos parasitar con una existencia que haya constituido lo que somos –nuestra esencia- habitando el mundo como zombis, vacíos del sentido que hace del existir vida.
La mínima manifestación de la existencia consiste en permanecer, sin pretensión alguna. La vida es otra cosa.
Si aquello que denominamos Ser, que algunos entienden como algo inapelable e inefable “ubicado” más allá de lo existente, pudiera darse como contraposición en cada particular existente –sin el cual no sería propiamente- las elucubraciones, sobre lo que sucede tras la muerte, se simplificarían. Cierto es que la aceptación de un final abrupto y sin
Hay quien no entiende aún qué significa regurgitar la acidez vacua de la existencia. Solo necesita más tiempo.
Todos nos sentimos huérfanos, prematuramente o tarde. Y este desgarre de no poseer el cordón primigenio que nos sustentaba ubica la existencia en los parámetros que le son propios.
Nacer no es propiamente una acción. Es la resultante de un proceso de expulsión que se desencadena en el útero materno, para resolver una situación naturalmente insostenible. Un cuerpo no puede por más tiempo dar cobijo vegetativo a otro que ha aumentado sus dimensiones. Aquí aprehendemos más nítidamente ese postulado sartriano que reza: el hombre