Quien siendo hija es además madre se ubica en la encrucijada de crear una figura singular que, sintetizando lo bueno acogido y rectificando los fallidos gestos, sea capaz de dar lo justo y no excederse en evitar a sus hijos el daño. La complejidad es exponencial cuando la vivencia de lo parental es la ambigüedad
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Ser madre, no solo es amar irremediablemente, sino recibir el querer más genuino y espontáneo que puede ser entregado. Cierto es que nunca dejamos de ser madres, y por ello debemos asumir que la manera de ser hijos cambia, porque su necesaria y deseable autonomía nos convierte en personas amadas pero prescindibles. Y esto, que
Titubeamos en los juicios de la propia historia, indecisos, confusos; pero cuando los que nos siguen se sienten pletóricos, se extiende un reconocimiento benévolo sobre nuestro hacer, ser y tenacidad en la existencia.
A veces cabizbajos, otras con la sonrisa de quien se sabe necesario, pero siempre dispuestos a encajar el exceso de rabia que nos asestan los hijos que se autoafirman y crecen. A veces dolor, pero nunca maldad en sus desaires, es una suerte de apoyo imprescindible que les cedemos con la entereza de ser padres.
Se van los hijos, incluso antes de irse se van, restando tiempo en la casa familiar mientras algunos aspectos maduran y la vida les permite su autonomía plena. Es un gesto doloroso parental, no inmiscuirte porque así lo han exigido, ser testigo de esa ambivalente suficiencia y mantener ante todo el amor, limpio de reproches
Si languidecemos, postrados y abatidos, en la contienda por sostener la dignidad de una vida que no precisemos ocultar a nuestros hijos, ¿qué les resta firme y con fundamento de nosotros? Y esa dignidad no es la de la virtud inquebrantable, que todos somos humanos, sino la de la honestidad y la buena voluntad que
Los desaires ingratos que los hijos vomitan sin pudor ante el cuidado parental, son gestos desproporcionados de autoafirmación. La paciencia debe imponerse cuando esa voluntad de independencia es volátil, incoherente y tiránica, en ocasiones. Crecer es un desafío, durísimo de acompañar, en el que las expansiones y contracciones generan convulsiones en quien se desarrolla y
Casi peco de asombro, siendo tu madre, por la edad que te culmina hoy. Acaso porque aún me evoca tu presencia esa melosa sonrisa que invertía el meollo vital ¿qué hay de problemático en existir? Tenías la virtud de transformar lo crítico en accesorio y recrearlo con un resplandor inusitado. O, acaso porque hoy, siendo