Slavoj ZiZek, la utopía caduca.

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Slavoj žiŽek, basándose en un texto hegeliano del cual extrae la figura del “Amo”, que para mayor claridad deberíamos entender como un “líder”, afirma como única vía de emancipación:

“Un auténtico Amo no es un agente de disciplina y prohibición. Su mensaje no es ”¡No puedes!” , ni “¡Debes..!”, sino un liberador “¡Puedes!”. Pero “puedes” ¿qué? Hacer lo imposible, es decir, lo que parece imposible dentro de las coordenadas de la constelación existente, y hoy en día eso significa algo muy preciso: pensar más allá del capitalismo y la democracia liberal como marco definitivo de nuestras vidas. Un Amo es un mediador destinado a desaparecer que te devuelve a ti mismo, que te entrega el abismo de la libertad: cuando escuchamos a un verdadero líder, descubrimos lo que queremos (o mejor dicho lo que siempre quisimos sin saberlo).Un Amo es necesario porque no podemos acceder a nuestra libertad de manera directa, y a fin de conseguir este acceso nos han de empujar desde fuera, pues nuestro “estado natural” es el hedonismo apático, lo que Badiou denomina el animal humano. La paradoja subyacente es que cuanto más vivimos como “individuos libres sin Amo”, menos libres somos en realidad, atrapados en el marco de posibilidades existente: tiene que aparecer un Amo que nos empuje/azuce hacia la libertad.”

Slavoj Žižek, Problemas en el paraíso. Del fin de la historia al fin del capitalismo. Ed. Anagrama. Barcelona 2016, PP. 219-220.

 Sabemos de la perspectiva marxista y lacaniana del autor, por lo que no nos sorprenden determinadas afirmaciones. Lo que sí cuesta procesar es cómo a un pensador tan perspicaz, como hemos observado en otras obras, se le escurra entre los dedos ese idealismo utópico que no podemos dejar de degustar leyendo el fragmento.

En primer lugar, porque aunque desde el hegelianismo podamos dar cuenta de cómo no hay identidad de algo sin su no-algo, del Amo sin el sumiso, la historia ha demostrado que no existen líderes liberadores que no acaben naufragando en la avidez de poder y de egocentrismo narcisista. Así que, de entrada, ponemos en cuestión esa noción de líder liberador que, seamos creyentes o no, tal vez solo asumió Jesucristo si es que ciertamente existió como hombre histórico. En segundo lugar, que el acceso a la propia libertad deba proceder del entusiasmo y convicción ajenos, nos lleva a cuestionarnos si no estaremos ante una clase de manipulación de masas como tantas veces hemos experimentado en la historia. Y esto porque parece más razonable que la asunción y ejercicio de la propia libertad deba surgir de la autoconciencia y voluntad del sujeto tras su análisis de cómo es y está en el mundo.

Globalmente, el fragmento orientado a la emancipación se nos muestra como un alegato que presupone “la minoría de edad” kantiana y como un llamamiento a la desobediencia civil de la que algunos ya hemos tenido vasta experiencia. Prescindiendo, continuamente, de que no hay movimiento civil capaz de desestabilizar hasta su extinción un sistema como el capitalista al que todo alimentamos, hasta para ir a oponernos a su estructura más radical.

La impresión final es la inutilidad de arengas de este tipo que no proponen nunca formas concretas de desembarazarnos de un sistema que nos deglute. Simplemente ideología banal y estéril que como tal nos hunde más en la desesperanza  de que el fin de la historia nunca será el fin del capitalismo, sino de que este nos adentrará en una posthistoria de la que de momento solo tenemos prevenciones y temores.

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