El narcisismo, por Lou Andreas-Salomé

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“(…) nuestro narcisismo en sí  no es más que la conciencia de que nuestro componente subjetivo es nuestro punto de empalme objetivo. Por consiguiente, de toda metafísica que pretenda hacer coincidir el ”Ser” con “Dios” como principio de valor absoluto, puede decirse que no solo está condicionada narcisistamente en su manera de pensar,  sino que es en sí la imagen filosóficamente elaborada de la unión entre narcisismo y objetividad (…), de forma paralela (…) toda ética parece extraer su característica principal , su incondicionalidad, su carácter absoluto y validez universal, del aditamento originario narcisista que está dispuesto así a acoger todo cuanto  sea excesivo, y solo con este dudoso material nos ‘etífica’(…)”

Lou Andreas-Salomé, El narcisismo como doble dirección, Edición a cargo de G.Dessal y G.L. Koop, Editorial Tusquets, Barcelona 1982.

En primer lugar, querría expresar mi agradecimiento a los dos psicoanalistas argentinos que han dedicado tres años de su vida a la recopilación y  traducción de los textos de esta gran filósofa y psicoanalista ignorada. Ellos son Gustavo Dessal –al cual tengo el honor de seguir a través de las redes sociales- y  Guilermo L.Kopp, que, por razones que desconozco, atinaron a rescatar el duro trabajo crítico que Andreas-Salomé llevó a cabo durante toda su vida y en condiciones hostiles hacia la mujer, y que han llegado escasamente hasta nosotros. De hecho dispongo en préstamo en este momento del único ejemplar que hay en la Universidad de Barcelona. Un libro viejo, deteriorado y por ello presupongo ignorado por quienes carecen de criterios formados para elegir las lecturas que contribuirán a su formación.

Dicho esto, he destacado de la lectura de la obra un fragmento –unido como puede observarse artificialmente- que he considerado relevante en relación a la revisión crítica que la autora hizo del concepto de “narcisismo” del padre del psicoanálisis, Freud. Este lo concibió en un sentido negativo, como incapacidad de descentramiento del sujeto que restaba instalado en una de las fases de desarrollo del yo que, en cuanto no era superado, no podía culminarse satisfactoriamente. Por el contrario, Lou entiende que las pulsiones narcisistas, que tienen como objeto libidinal al sí mismo, constituyen el impulso –paradójicamente- de toda posibilidad de relación con un objeto ajeno. De esta forma muestra dos manifestaciones paradigmáticas en la cultura occidental de esta doble dirección del narcisismo, la ya explicitada por Freud, y la que nos conduce, en metafísica, a la identificación de lo auténticamente real con Dios, es decir, nos capacita para diferenciarnos de lo otro al sublimar las pulsiones y reconocer a un Dios como lo verdaderamente otro. Esta concepción que infiere Lou está presente hoy en cierta tendencia teológica que, intentando recuperar los más genuino del cristianismo, despersonifica a Dios, mostrándolo como lo necesariamente presente, en cuanto ausente en el mundo y por tanto, clara manifestación de su realidad, que no de su existencia. La otra expresión de este sentido positivo del narcisismo es el que Andreas-Salomé entiende como ineludible y que es el carácter absoluto y universal de la ética que se nutre precisamente del exceso libidinal narcisista que sublimado nos hace seres éticos, orientados por unos valores, unas restricciones necesarias sin las que el yo no podría establecer ese equilibrio entre el placer y el displacer.

En síntesis, el narcisismo como pulsión libidinal que tiene por objeto al sí mismo, puede revertir el exceso pulsional gracias a la sublimación bien en relatos teológicos, que son un lenitivo eficaz para algunos sujetos, o bien en referentes éticos absolutos imprescindibles para que, a pesar del origen primitivo y presente de éste, sea posible la convivencia e interacción con los otros.

Quizás lo que se muestre como inadmisible a la moral judeo-cristiana sea el hecho, según la autora, de que en la base de cualquier acto orientado a los otros esté como impulso básico el narcisismo. Aunque en los últimos tiempos esto ha sido reafirmado por las denominadas éticas egoístas que cuestionan la existencia del altruismo como tal.

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