El querer como condición de posibilidad

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La disposición con la que un individuo se sitúa ante la existencia, condiciona cómo los acontecimientos, más o menos previsibles o azarosos, devienen un infierno o una oportunidad casi salvífica. Un hecho puede precipitar el hundimiento y un final truculento, o bien mutarse en la ocasión de realizar anhelos, siempre pendientes; eso sí, con un esfuerzo, y una capacidad de sobreponerse a los sucesos que deben formar parte de la idiosincrasia del sujeto. La actitud moviliza, fortalece, pero no genera magia, ni transmutaciones divinas que allanan el camino, ni facilitan el vivir, como no lo hicieron antes.

El querer es una condición necesaria de la redención, pero no suficiente, porque siempre necesitamos que la fortuna nos sea algo favorable.

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