Altruismo, egoísmo y voluntariado.

No hay comentarios

Bajo la denominación de voluntariado se incluye a un vasto grupo de ciudadanos que dedican parte de su tiempo –sin remuneración económica alguna- a realizar un servicio a los demás. Hay voluntarios de todas las edades y las formas en que se concreta este ejercicio de generosidad son plásticas, elásticas y múltiples.

Por mencionar algunas: desde soporte a personas de la tercera edad,  la educación en el tiempo libre de niños y jóvenes diariamente y los fines de semana –disminuyendo el riesgo de un uso nocivo de este espacio en los días en el que las familias no tienen presencia- hasta el apoyo a personas con discapacidad, sin techo, mujeres maltratadas,…

La generosidad queda plasmada en el compromiso estable de acudir a realizar su tarea, incluyéndolo en muchos casos como parte que se suma a la jornada diaria del trabajo, los estudios u otras responsabilidades.

Surgen voces críticas que cuestionan este supuesto altruismo como una impostura que encubre la satisfacción de necesidades propias. Es decir la debatida cuestión sobre si se da un altruismo puro o, por el contrario, no es una forma de egoísmo  que busca el reconocimiento social y de su entorno.

Al respecto, hay que ser justos y recordar que ningún voluntario niega recibir mucho de aquellos a los que supuestamente ayuda, siendo quizás una forma inconsciente de altruismo recíproco. Pero entiendo que este dar y obtener afecto, no desmerece en absoluto el esfuerzo de estas personas, su generosidad y que constituyen en el seno de una sociedad de excluidos una red imprescindible de soporte social sin la cual muchas personas con carencias básicas quedarían absolutamente abandonadas a sus suerte. El Estado del Bienestar en declive hace, si cabe, más necesario estos gestos mantenidos de apoyo a los que no han tenido la fortuna de los que se ofrecen como voluntarios.

Otro aspecto controvertido es si la acción de este voluntariado no está legitimando al Estado la eliminación paulatina y sutil de derechos. Porque, desde esta perspectiva, en la medida en que haya entidades que cubren estas necesidades el Estado se inhibe, y los derechos asociados se difuminan.

Para cuestionar esta perspectiva me gustaría que recordáramos los años más cruentos de la crisis económica iniciada en el año 2008 -que para muchos no tuvo punto de retorno-  durante los cuales muchas personas comieron gracias a la rápida reacción de asociaciones de vecinos de muchos barrios que aportando personalmente dinero y alimentos improvisaron comedores sociales para paliar la terrible situación en la que se encontraron súbitamente muchos ciudadanos. Haber esperado una reacción rápida por parte del Estado a una necesidad perentoria y muy urgente –como es comer algo cada día- hubiese supuesto la condena a la desnutrición de niños, ancianos y adultos porque como todos sabemos las cosas de palacio van despacio. Así, tengo la convicción –obviamente cuestionable- que aquello que no hacen las asociaciones y entidades mediante su red de voluntarios no lo haría nadie –El Estado- y menos aun con la rapidez de detectar las urgencias y dar respuestas rápidas, apoyados a menudo por el resto de la sociedad civil que acude siempre de forma sorprendente a reclamos de ayudas concretas para los que menos recursos tienen.

En Catalunya, en concreto, esta estructura de voluntariado tiene una tradición y arraigo que responde al dinamismo de la sociedad civil en muchos ámbitos.

Así, no considero relevante cómo bauticemos a la acción de ayudar a otro, que además puede responder a distintas motivaciones, sino que lo auténticamente significativo es sustentar esta red de apoyo que posee un flujo y una capacidad de asistencia mutua, sin la cual ,muchas personas se hallarían más desasistidas de lo que ya están por parte de los diferentes gobiernos y sus luchas de competencias, que debemos entender son ajenas a quienes luchan día a día por dar lo mejor de sí y a los que agradecen este soporte desinteresado por parte de los que están realmente a su lado ayudándoles a afrontar las contrariedades, es decir los voluntarios.

En síntesis, sea cual sea la motivación inconsciente o no de quien ayuda gratuitamente a otros, bienvenida sea. Porque sin ellos muchos vivirían peor, y los propios voluntarios sentirían la impotencia de que nada es posible.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s