Neblina de peones

4 comentarios

Un paisaje interior enturbiado por una niebla espesa, densa y negruzca, que no parece tender a su disolución, ha cubierto cualquier perspectiva. No hay horizonte, ni se puede vislumbrar claro alguno que motive el intento del alma de disipar esa calima cegadora que impele, por el contrario, a finiquitar el alma misma.

Esas frondas no surgen repentinas ni súbitas; se van gestando con el tiempo, un tempo raudo pero extenso; ese del que apenas atisbamos ni un ápice de conciencia, ya que la intensa y sobrecargada celeridad de los hechos — nimios o cruciales, se volatizó la destreza de delinearlos— nos abruma con tal firmeza que solo nos queda verlos pasar haciendo requiebros.

En esa maraña que impone su opacidad, vegetamos como girasoles volviendo la mirada a cualquier claro de luz, aunque sea figurado, transformados en pasividades pacientes que ya no lidian por escapar de esa turbia neblina.

Los tiempos reiterados que exigían estar siempre alerta, han agotado nuestro esfuerzo dedicado ahora, simple y llanamente a subsistir. ¿Y para qué permanecer en ese estado casi vegetativo? Quizás porque si no hay conciencia de no vivir, no aparece el deseo de no continuar haciéndolo. Ese es el gran engaño de la cultura de la velocidad y lo superfluo, mantenernos ignorantes para seguir sirviendo de peones, como en una estratégica partida de ajedrez, que por sí solos no poseen valor pero como piezas de un engranaje son exprimidos sin piedad.

Plural: 4 comentarios en “Neblina de peones”

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s