La manifestación reiterada de un deseo o querencia, que pueden tornarse en quejas o reproches, provocan en el otro una reacción airada y defensiva que denotan la firmeza de una voluntad exenta de cambio alguno. Será, tal vez, una ausencia de coincidencias, no identificadas pero sustanciales.
Autor: Ana de Lacalle
No existe aún teoría capaz de explicar de forma satisfactoria el binomio mente-cerebro y todo cuanto esto implica –si no se da tal dicotomía hay fenómenos que resultan inexplicables, si se sostiene la duplicidad no se ha dado con la relación entre ambas- Este escollo científico tiene especial importancia en el campo de la neurología,
Quizás nunca seamos ese ideal forjado en el seno familiar y tamizado por nuestra conciencia crítica que niega lo no deseado, pero lleguemos a ser quién podamos será una conquista propia resultado del esfuerzo, el coraje y la convicción del NO a un ideal nefasto –negar dota de una fortaleza y una seguridad inusitadas-
Venimos a existir sin nada, necesitados de mucho para poder vivir.
A quien solo le acalla el miedo se difumina en la masa que se le antoja como un escudo protector. Aunque me temo que la tecnología ha roto en gran medida el anonimato.
Quien entiende los sucesos como señales, necesita simbolizar el acontecer para convertir su vida en un relato coherente.
El término penetración posee un sentido siempre abrupto y agresivo. Su uso es diverso y aplicable a variedad de contextos. No obstante, no deja de inquietarme el hecho de que para referirnos a la cópula sexual –unirse o juntarse sexualmente- haya prevalecido el uso de este término, penetración, que lleva incorporado el órgano sexual masculino
Si no hay re-conocimiento, es decir identificación de lo ya conocido, no cabe esperar progresos ni en los vínculos con otros, ni en el aprendizaje, ni en tarea alguna.
Los sueños son como cuentos gráficos que nos desvelan lo más inverosímil que, aún pareciéndolo, se halla como contenido pujante en nuestra mente. A menudo, nos quedan rastros difusos de imágenes asociadas a emociones, que contrastadas con nuestra experiencia, se nos antojan irreales e incluso contradictorias. Pero esto sucede con el suceso narrado en el
Esa imagen caricaturesca que representa a nuestra conciencia, rodeada a cada lado por un demonio y un ángel emitiendo voces antagónicas, es sutilmente exculpatoria en la medida en que insinúa que el bien o, sobre todo, el mal de nuestro actos proviene de una presión externa a la que acabamos cediendo. Nuestra culpa es nuestra